Cuatro días de disturbios a fines de agosto proyectan una sombra sobre los barrios donde los mejores deportistas del mundo se congregarán el año que viene para participar en los Juegos Olímpicos de Londres. Algunos eventos se realizarán a pocos kilómetros de sectores donde ocurrieron los peores enfrentamientos en una generación.

Tanto Londres como los Juegos han quedado irremediablemente marcados. Igual que las vidas de los residentes de esos barrios.

Sam Kato, de 12 años, asiste a la Newham All Star Sports Academy, un oasis ajeno a la delincuencia, las pandillas y las drogas que desataron los desmanes en el sector oriental de Londres. El programa ayuda a los niños a no meterse en líos y les enseña el valor del trabajo en equipo.

"Es como una familia para mí", declaró Kato, quien mide 1,85 metros (poco más de seis pies), junto a una cancha de básquetbol. "Si hubiese más programas como este, no habría disturbios".

El Parque Olímpico funcionará en Newham.

Los disturbios empañaron la imagen de Londres y alteraron las complejas medidas de seguridad para los juegos, las cuales fueron reconsideradas luego de que manifestaciones estudiantiles en las que una turba la emprendió contra un automóvil en el que viajaban el príncipe Carlos y su esposa Camilla y se instaló un campamento del movimiento Ocupemos Londres en el distrito financiero.

Los desmanes sacaron a la luz las dificultades que puede encontrar la policía para controlar eventos imprevistos. Luego de una respuesta inicial débil, miles de agentes tomaron las calles de Londres, en una muestra de fuerza destinada a desalentar más disturbios.

Durante los juegos habrá 12.000 agentes movilizados todos los días y no será fácil responder a un disturbio.

"Están tomando nota de lo sucedido en los disturbios", expresó Margaret Gilmore, una especialista de Royal United Services Institute, un respetado organismo de investigación. "Es casi inevitable que haya algunas manifestaciones y es previsible que respondan con mano firme y asignen más gente" para controlarlas.

Además del temor de disturbios, hay otra inquietud más alarmante: la posibilidad de acciones terroristas.

La seguridad ha sido un importante componente de los juegos desde los ataques de 1972 en Munich, donde terroristas palestinos mataron a 11 deportistas y entrenadores israelíes. Londres no ha estado inmune a las acciones terroristas y en el 2005 cuatro atacantes suicidas mataron a 52 personas en la red de tránsito.

El estallido de disturbios a un año de la justa obligó a replantear las medidas de seguridad que se vienen preparando desde hace años.

"Estos disturbios alertaron a la gente acerca del hecho de que Londres no es una ciudad demasiado segura después de todo", afirmó Ellis Cashmore, profesor de cultura, medios de prensa y deportes en la Staffordshire University.

Gran Bretaña atraviesa por un período de penurias económicas y la situación no va a mejorar a corto plazo. Hay más de un millón de desempleados por primera vez desde mediados de la década de 1980.

Las medidas de austeridad tomadas por el gobierno le restan recursos a programas pensados para asistir a los jóvenes, entre los cuales la tasa de desempleo gira en torno al 20%. Muchos jóvenes dicen que la desesperanza probablemente aumente en el próximo año.

Las autoridades olímpicas afirman que no les preocupa el legado de los disturbios. Denis Oswald, enlace entre los organizadores y el Comité Olímpico Internacional, declaró hace poco a la prensa que estuvo en Londres durante los disturbios y que le pareció que la situación "fue controlaba bastante rápido".

Oswald le buscó un lado positivo al asunto y dijo que mucha gente se ofreció como voluntaria para ayudar a los comerciantes a limpiar negocios que habían sido saqueados.

"No creo que esto pinte una imagen negativa de Londres ni de los juegos", afirmó.

Los disturbios fueron desatados por la muerte a tiros de Mark Duggan, de 29 años a manos de la policía en el barrio de clase obrera de Tottenham, en un episodio confuso. Las turbas arrojaron ladrillos, quemaron autos y saquearon negocios. Un informe preliminar presentado esta semana dice que la lenta respuesta de la policía hizo pensar a los revoltosos que no serían pillados.

Se calcula que en los desmanes participaron entre 13.000 y 15.000 personas y que más de tres cuartos eran menores de 24 años.

Pero hubo 460 excepciones notables: los socios del club de básquetbol de Newham.

Su directora Natasha Hart y el cuerpo técnico organizaron rápidamente sesiones de entrenamiento para mantener ocupados a los chicos.

"Ninguno participó en los desmanes", dijo Hart. "Y no creo que eso sea coincidencia".

Newham es uno de los barrios más pobres de Gran Bretaña y el 25% de sus hogares están por debajo del nivel de pobreza. Atrae a muchos inmigrantes recién llegados y en las escuelas se hablan decenas de lenguajes. Muchos inmigrantes están de paso y ello contribuye a que no se genere un sentido de comunidad.

Además, abundan las pandillas, con sectores de influencia bien definidos.

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