Hábil desempeño en los debates, la desconfianza de los conservadores hacia Mitt Romney y las acusaciones que enfrenta Herman Cain han colocado a Newt Gingrich al frente de los ocho republicanos que buscan la nominación de su partido a la presidencia del país.

En un año de cambios sorprendentes en la fortuna política entre los candidatos republicanos, el ascenso de Gingrich es tal vez lo que más llama la atención. Se ha reinventado políticamente, colocándose en la contienda por la presidencia a pesar de tener un pasado problemático que incluye su renuncia hace 13 años como presidente de la Cámara de Representantes bajo una nube de violaciones a la ética.

Gingrich, de 68 años, se ha casado tres veces y ha reconocido haber sido infiel, lo cual incluye una relación extramarital que tuvo cuando encabezaba el esfuerzo para que el ex presidente Bill Clinton fuera juzgado políticamente por mentir sobre su flirteo sexual con una joven pasante de la Casa Blanca.

Como dato interesante, la campaña de Cain se está desmoronando por cuestiones similares de conducta sexual inapropiada. Irónicamente, eso deja a Gingrich en una posición de granjearse a los votantes que abandonen a Cain.

Después de los comicios de 1994, Gingrich se convirtió en el primer presidente republicano de la Cámara de Representantes en 40 años cuando su partido recuperó el poder en la cámara baja, en parte gracias a su mensaje de un "Contrato con Estados Unidos".

Pero en los cinco años siguientes se vio inmiscuido en controversias por violaciones a la ética y perdió apoyo incluso dentro de su propio partido por sus implacables estrategias políticas. Renunció como presidente en 1998 y dejó el Congreso un año después.

En momentos en que el equipo que busca la reelección del presidente Barack Obama aún parece estar enfocado en Romney, Gingrich ha superado rápidamente al aristocrático empresario y ex gobernador de Massachusetts.

Romney no ha logrado atraer hacia su candidatura a la base conservadora republicana; lo ven como demasiado moderado y dicen que no logra disipar su fama de modificar su punto de vista en asuntos importantes con el fin de granjearse el apoyo de un electorado republicano cada vez más conservador.

Aunque Gingrich está lejos de ser un parangón de la pureza ni de la consistencia con la ideología republicana, recientemente explicó su decisión de buscar la presidencia al decir que no es el candidato perfecto, pero sí "mucho más conservador que Mitt Romney".

Y esa parece ser la cuestión medular, por encima de todos los otros temas, que está impulsando el sorprendente ascenso de Gingrich al liderato en las encuestas.

"Salvo Cristo, ninguna persona en la historia ha sido perfecta", declaró a una radiodifusora de Carolina del Sur durante una gira reciente de su campaña. "Así, no afirmo ser el candidato perfecto. Sólo digo que soy mucho más conservador que Mitt Romney y con muchas más características para ser elegido que cualquier otro".