En el otoño de 1961, la diócesis católica de Lansing compró un antiguo templo metodista en la esquina de la avenida Washington y Main Street.

Le añadió rodilleras a los bancos, instaló un altar al frente y en el último domingo de octubre la consagró como la iglesia Cristo Rey, concebida como el hogar espiritual para los inmigrantes hispanohablantes de la ciudad.

"Todo el mundo estaba feliz", dijo Manuel Delgado, quien días atrás, durante una recepción por el 50 aniversario de la iglesia, sirvió tazas de ponche a los presentes.

"Todo el mundo empezó a llegar a la iglesia y cada vez el lugar se llenó a toda capacidad", dijo.

El domingo del quincuagésimo aniversario, cuando el obispo Earl Boyea ofició misa en español, la iglesia también estaba repleta, pero se trata de un edificio diferente ahora, el cuarto que la iglesia de Cristo Rey ha habitado desde entonces.

Cuando el padre Fred Thelen, el religioso a cargo de la iglesia desde 1993, hizo un reconocimiento a los fundadores, dijo que honrar a un solo grupo no parecía suficiente, pero comenzó pidiendo que se pusieran de pie quienes hayan estado presentes en la comunidad desde las décadas de 1940 y 1950.

"Nunca fue fácil que la iglesia Cristo Rey pudiera seguir adelante, ya se tratara de la parroquia o como comunidad", dijo Thelen posteriormente.

"Hemos tenido que superar muchos obstáculos. Es realmente una gran celebración que estemos aquí, que estamos vivos", agregó.

El primer obstáculo fue una autopista, la interestatal 496, que ahora corre sobre el lugar donde operó la primera iglesia Cristo Rey.

Los líderes de la iglesia, sin embargo, vieron la demolición como una oportunidad.

"Empezamos a ver a mucha gente que venía y que necesitaba ayuda, alimentación, vivienda, todo tipo de asistencia", dijo Delgado. "Como grupo, empezamos a hablar de tener una combinación de iglesia y un lugar social para que vinieran las personas".

Fue así como tomó forma el Centro Comunitario Cristo Rey.

La congregación se mudó al norte de Lansing y lo que había sido una iglesia solamente se convirtió en un híbrido de capilla y centro de servicios sociales, aunque también un centro de acción social y desarrollo comunitario.

"Pusimos puntos en el mapa donde estaban todas las familias que hablan español y realmente se concentraban alrededor de Grand River y High Street", dijo el padre Kenneth Faiver, el primer párroco de Cristo Rey.

Dignarda Calero y su familia se encontraban entre los miles de cubanos que huyeron de la isla en los primeros años del régimen de Fidel Castro. Llegaron a Lansing en 1963.

"En Cristo Rey encontramos la paz y la familia que no tenemos aquí en Estados Unidos", dijo.

La familia halló también algo de la seguridad económica que estaba buscando. En 1964, Faiver ayudó a su marido a encontrar un trabajo en Oldsmobile.

De acuerdo con una breve historia de la parroquia preparada por el Instituto de Investigación Julián Samora de la Universidad Estatal de Michigan, esa disposición híbrida trajo conflictos administrativos.

A mediados de la década de 1970, los propios fieles de la iglesia le estaban pidiendo a la diócesis que volviera a establecer una parroquia.

Cristo Rey se trasladó entonces a su tercera sede, en 1979. Fue el antiguo templo bautista de Capitol City, en la avenida South Washington.

Aunque la congregación a menudo tenía "muy pocos recursos, en términos económicos, hemos desarrollado el arte de hacer mucho con poco con el paso de los años", dijo Thelen.

La hipoteca de esa iglesia se terminó de pagar en 1995 y la comunidad empezó a buscar un espacio más amplio para dar cabida a sus miles de miembros, con lo que hace 13 años se trasladó a su ubicación actual, en Miller Road.

Aunque muchos de los miembros originales eran trabajadores inmigrantes, sus hijos y nietos son la mayoría de sus asistentes ahora.

La iglesia ofrece misas en español y en inglés.

Al mismo tiempo, ahora hay nuevos inmigrantes que, dijo Delgado, "de alguna forma reviven la fe aquí en Cristo Rey, y por eso estamos muy agradecidos".

Cuando Guillermo López llegó a Lansing en 1984, dijo que asistió a varias de las iglesias católicas.

"Fueron muy amables, lo que estaba bien", explicó López, miembro del Consejo de Educación de Lansing.

"Venir a Cristo Rey fue más como llegar con una familia: un montón de cosas, la comida, el idioma, la música. Fue más como estar en casa".

___

Información del diario Lansing State Journal: http://www.lansingstatejournal.com