La pasión de los estadounidenses por las conspiraciones y su temor ante el posible asesinato de sus presidentes se unen en "The Conspirator", la última incursión de Robert Redford en la dirección, una floja película que busca el preciosismo formal por encima del interés real.

James McAvoy y Robin Wright están a la cabeza de un reparto que incluye nombres como los de Kevin Kline, Evan Rachel Wood o Tom Wilkinson. Pero su presencia no es suficiente para remontar el vuelo de una historia que se pierde en su afán de dar importancia a elementos superfluos.

La película comienza con el asesinato de Abraham Lincoln y cuenta la historia de la búsqueda de sus asesinos y del juicio a Mary Surrat, una mujer acusada de encubrir la conspiración y madre de uno de los responsables del magnicidio.

Wrigth como Surrat y McAvoy como su abogado se esfuerzan en dotar de humanidad a unos personajes de los que apenas conocemos unos retazos de personalidad, insuficientes para justificar sus actuaciones.

Una ambientación bastante pobre y unos secundarios situados por caracterización en el siglo XIX pero que parecen a punto de marcarse un rap, contribuyen a una falta de realismo en una historia de época, es decir, en la que la realidad debe ser su mayor baza.

Tampoco ayuda en lo más mínimo una fotografía preciosista y omnipresente, tanto que oculta el escaso interés de una historia que no se centra ni en la parte judicial ni en las relaciones entre los personajes.

Redford ha querido abarcar demasiado y no le ha salido la jugada. Algo que ya le ha pasado en algunas de sus anteriores películas como director. Fue el caso de "A River Runs Through It" o "The Horse Whisperer".

Una carrera como cineasta sobrevalorada desde su debut con "Ordinary People", que se llevó un inmerecido Óscar y que generó unas enormes expectativas por su trabajo como director que nunca se han cumplido.

"The conspirator" se estrena mañana en España y el próximo año en Latinoamérica.

Por Alicia García de Francisco