La Unión Europea se formó de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, una conflagración en la que las grandes potencias del continente se enfrentaron entre sí y que dejó cicatrices en el terreno y en las mentes por igual.

Y desde el inicio, la pregunta era si este experimento singular de buena voluntad se convertiría alguna vez en los Estados Unidos de Europa, donde la cooperación se antepondría al nacionalismo.

Ahora ha llegado el momento de decidir. Los habitantes del Viejo Mundo enfrentan una decisión histórica que los afecta tanto como a su dinero: ¿Se ven a sí mismos como europeos o como franceses, alemanes, italianos, españoles, etcétera?.

La causa inmediata de la urgencia es la situación precaria de la moneda única europea que comparten 17 naciones. Se encuentra al borde del colapso porque nunca se le ha dado respuesta a esa pregunta primordial. Las inquietudes por el euro han mostrado que, con respecto a la moneda, una integración a medias no funciona. Los planes nacionales divergentes no han encajado con una política monetaria unificada.

Y los líderes políticos han dicho que si el euro fracasa, la Unión Europea también lo haría.

"Tenemos que demostrar que el euro es un proyecto irreversible", dijo el miércoles el presidente de la UE Herman Van Rompuy.

La mayoría de los expertos dicen que los europeos deben decidir ahora o la elección será tomada por alguien más. Tendrán que elegir entre continuar como una comunidad en la que ricos y pobres cooperan, o experimentar mayor fragmentación y, posiblemente, regresar a las ásperas divisiones que han desgarrado a Europa en el pasado.

Es una cuestión tanto de identidad como de finanzas. Y la respuesta no se puede posponer.

"Estamos entrando en un período crítico de 10 días para completar y definir la respuesta a la crisis de la Unión Europea", dijo el miércoles el jefe financiero de la UE Olli Rehn

Diez días para salvar al euro. Diez días que sacudirán al mundo financiero. Diez días para decidir cómo procederán los europeos.

Ese período crucial culminará al final de la próxima semana en la cumbre de fin de año de la Unión Europea, una danza diplomática de los 27 líderes del bloque cada vez más orquestada por dos de las potencias globales que estuvieron en el centro de la última gran guerra del continente: Alemania y Francia.

La cumbre podría definir el curso para Europa en las décadas venideras, así como si el euro es rescatado de dos años de creciente inestabilidad.