El tribunal de Oslo recibirá hoy el informe psiquiátrico sobre el ultraderechista Anders Behring Breivik en el que se determinará si el autor confeso de los atentados del 22 de julio estaba en plena posesión de sus facultades mentales y por tanto puede ser juzgado.

En caso de que Breivik sea declarado mentalmente sano, continuará adelante el proceso que culminará con el juicio, cuya fecha de inicio ya ha sido fijada para el próximo 16 de abril.

Si el informe concluye que el fundamentalista cristiano padece una enfermedad mental y que no es responsable de sus actos, será ingresado en una institución psiquiátrica de forma indefinida.

El informe, realizado por los psiquiatras Synne Sørheim y Torgeir Husby, es el resultado de una docena de entrevistas durante un total de 35 horas con Breivik, además de la revisión de todos los interrogatorios policiales a que ha sido sometido, la reconstrucción de la masacre y los relatos de los testigos presenciales, entre otros.

Se espera que incluya un repaso minucioso de la infancia, la juventud y los hechos en el pasado de Breivik que pueden haber influido en él para perpetrar el doble atentado en el que mató a 77 personas.

La extensión del informe será de unas 230 páginas, cuando un documento de este tipo suele tener entre 30 y 70, han revelado los psiquiatras, que por la dimensión de la tarea tuvieron que retrasar más de un mes la fecha inicial de entrega.

Aunque el informe no se hará público, la Fiscalía ha anunciado que difundirá hoy sus conclusiones principales en una rueda de prensa a las 12.00 GMT.

Según el abogado de Breivik, Geir Lippestad, el fundamentalista cristiano no ha expresado ningún miedo a ser declarado insano y cuenta con que se le considere un asesino.

Los psiquiatras pretendían realizar una resonancia magnética de su cerebro para detectar eventuales daños o tumores, a lo que se negó Breivik, quien inicialmente había expresado su deseo de ser examinado por especialistas extranjeros en vez de noruegos.

Breivik hizo estallar el pasado 22 de julio un coche bomba en el complejo gubernamental de Oslo, donde murieron ocho personas, e inmediatamente después se trasladó a la isla de Utøya, a 45 kilómetros de la capital, donde disparó de forma indiscriminada matando a otras 69.

La mayoría de las víctimas de Utøya asistían al campamento de las Juventudes Laboristas.