Pese a que con el inicio de las elecciones egipcias la acampada de la plaza Tahrir ha pasado a un segundo plano, los activistas mantienen su pulso contra la Junta Militar y se muestran dispuestos a continuar con su protesta hasta que se transfiera el poder a los civiles.

La afluencia a la plaza ha disminuido, pero miles de personas merodean entre las tiendas con la prioridad de acabar con el poder de los dirigentes castrenses y la atención puesta en la votación, aunque sea a distancia.

En la segunda jornada de la primera fase de los maratonianos comicios egipcios, la plaza continúa cerrada al tráfico y sus "habitantes" luchan por que el ánimo no decaiga en este emblemático lugar, conocido en todo el mundo gracias a la revolución que, el pasado 11 de febrero, derrocó al presidente Hosni Mubarak.

"Los egipcios pronto volverán a estar aquí. Sé que hay un problema, que no somos tan fuertes como hace unos días. Pero las elecciones no harán disminuir la presión en la plaza", aseguró a Efe el abogado y miembro del Movimiento 6 de Abril Mohamed al Hamidi.

Sentado en un esterilla próxima a su tienda, Al Hamidi explicó que no se moverán de Tahrir, porque las otras veces que se levantó la acampada se perdió el espíritu reivindicativo y no se alcanzaron los objetivos: "No nos vamos a ninguna parte", apuntó.

Aunque el deseo de los acampados en la plaza es resistir el mayor tiempo posible pese al descenso del número de manifestantes, algunos no pudieron ocultar su temor a ser desalojados por la fuerza, como ya ocurrió el pasado abril.

El estudiante Ramy Hateta, con una "kufiya" (pañuelo palestino) al cuello, dijo a Efe que creen que "la policía militar con los 'baltaguiya' (grupos de matones o paramilitares) irrumpirá en la plaza en los próximos días y destrozará el campamento".

Estos negros augurios no impiden que el joven muestre también una cara más optimista al agregar que aunque las elecciones hayan hecho que acuda "menos gente a la plaza, la revolución no se acabará".

La abstención o la participación, ese es el dilema de muchos de los activistas ante los comicios, aunque si hay algo en común es que todos desconfían de que su voto logre que el nuevo Parlamento represente su voz.

Al Hamidi se niega a sufragar y legitimar de esa forma la tutela de la Junta Militar, mientras que Hateta depositó hoy su papeleta para evitar la multa estipulada para aquellos que no voten.

Afirmó haber votado a la coalición Bloque Egipcio, cuyo partido más importante es Egipcios Libres y aglutina a fuerzas laicas, porque es "liberal".

Sin embargo, pese a que por primera vez en su vida ha votado, no le preocupa el resultado de las elecciones, ya que, a su juicio, "el Parlamento no tendrá autoridad".

Mientras los activistas se reúnen en corros y discuten sobre la actualidad y el devenir de Egipto, decenas de vendedores ambulantes se apropian también de la plaza con palomitas, zumos, banderas egipcias y fotografías del fallecido presidente egipcio Gamal Abdel Naser o del Che Guevara.

De nuevo hay un denominador común entre vendedores y activistas, y es que la política está en boca de todos, de la misma forma que en los colegios electorales muchos votantes están pendientes de Tahrir y de los jóvenes de la revolución.

En un centro de votación del acomodado barrio de Zamalek, la joven Alia Jaled expresó su apoyo a la acampada, aunque en su opinión con las elecciones se producirá "un paréntesis" y hasta el fin de las mismas "Tahrir perderá fuerza".

"Cuando veamos que el Parlamento elegido no tiene poder para presionar a la Junta Militar y que la democracia obtenida no es real, sino una farsa, volveremos a salir a la calle en masa", subrayó.

Por Marina Villén.