A veces vida y literatura van unidas en un todo. A veces, la vida ofrece el mejor material para construir una gran historia, aunque sea a costa de mucho dolor. Eso es lo que le ha sucedido al escritor mexicano Julián Herbert, quien en "Canción de tumba" reconstruye la compleja vida de su madre prostituta.

Una novela con la que Julián Herbert (Acapulco, 1971) se alzó con el premio Jaén de Novela, y que ahora ha publicado Mondadori. Una narración intensa y radical, escrita desde un trapecio sin red, porque, según explica desde México y por teléfono el autor a Efe, "una buena historia no se puede escribir con buenos modales".

"Canción de tumba" comienza con la enfermedad de Guadalupe Chávez, su madre, que está en un hospital por una grave leucemia. Este hecho le sirve al autor para echar marcha atrás y recomponer la vida de su progenitora, con sus múltiples nombres, y la suya propia, en medio de un México extremo, violento y corrupto.

Y Herbert escribe en la habitación del hospital, donde pasa las noches, en una situación de duermevela que se plasma en una parte del libro, con olor a fármacos, enfermedad, sangre y a todo lo relacionado con la degradación de un cuerpo humano.

Hermanastros, hijos bastardos, padres perdidos, prostíbulos, noches sin dormir o viajes contantes que fueron la base infantil de un Julián Herbert, poeta, narrador, músico, vídeo artista y escritor por encargo, que decidió dar forma a este libro que se podría considerar el libro de su vida.

"El proceso fue muy intenso y muy radical -reconoce-. Siempre tenía en la cabeza escribir esta historia, pero me parecía algo muy melodramático, y cuando sucedió lo de la enfermedad de mi madre, a finales de 2008, la razón de la escritura se convirtió en algo muy pragmático porque tenía que pasar muchas horas en el hospital y mantenerme despegado lo mas posible".

Una actitud que llevó al autor de poemarios como "El nombre de esta casa" o "La resistencia", de la novela "Un mundo infiel" o del libro de cuentos "Cocaína (manual de usuario)", entre otros muchos títulos, a escribir esta historia porque, como dice, lo mejor que ha hecho en su vida es escribir.

"Lo que mejor he pilotado en mi vida ha sido la escritura y el proceso técnico y emotivo de la escritura es tenso, muy duro y muy artesano", precisa este autor, que en una de las páginas del libro dice: "Escribo para volver a un idioma en el que nací".

Herbert sostiene que, aunque la historia medular es la verdad de su vida, luego está el proceso de 'ficcionalización', porque "el recuerdo es una de las vertientes de la imaginación", añade.

El autor reflexiona sobre Oscar Wilde en el libro, con quien dice tener una relación de amor-odio, como la de su madre, cuando dice que "escribir autobiográficamente aminora la experiencia estética".

"Yo creo que Wilde decía eso porque tenía gran pavor a lo que más le atraía que era la vertiente autobiográfica; pero sin embargo, es ahí donde se sitúan dos de sus obras más extraordinarias:'La balada de la cárcel de Reading' y 'De profundis'".

A Julián Herbert le gusta mucho el fútbol y siente gran admiración por Johan Cruyff y el juego total de "todos contra todos" y esa estrategia la defiende en todo sus procesos creativos, en poesía, cuentos, narraciones o con su grupo de música.

"Aunque me interesan los géneros porque todos tienen su especificidad intento hacerlo de forma orgánica, todo en todo", refiere este autor que siente un amor y odio febril por México, "un país difícil, maravilloso y un infierno a la vez, como decía Malcolm Lowry", pero a estas alturas se pregunta: "¿Qué país no es un infierno?".

Por Carmen Sigüenza