El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, recibirá mañana en la Casa Blanca a los máximos dirigentes de la Unión Europea en un momento decisivo de la crisis de la deuda soberana que está poniendo en peligro incluso la supervivencia del euro.

El encuentro, el primero que se celebra en Washington desde que entró en vigor el tratado de Lisboa hace dos años, se produce en medio de un pulso desesperado de los gobiernos europeos por devolver la calma y la confianza a los mercados.

De momento, ninguna de las decisiones tomadas por los líderes y las instituciones de la zona euro ha logrado impedir el contagio de la crisis, que empezó en Grecia pero que ya se ha cebado en economías mucho mayores como Italia o España, mientras la entera Eurozona sufre las consecuencias de la huida de los inversores.

Al encuentro de mañana a mediodía, en la Casa Blanca, acudirán el presidente del Consejo Europeo, el belga Herman Van Rompuy, y el de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Durão Barroso, quienes, antes de partir de Bruselas, hicieron un llamamiento a la cooperación entre americanos y europeos.

En las últimas semanas, el gobierno estadounidense ha dado muestras de impaciencia por lo que considera una reacción parsimoniosa de los dirigentes europeos ante una crisis que amenaza no sólo el bienestar de Europa y su proyecto de unidad, sino también la estabilidad financiera internacional y el crecimiento económico mundial.

Tanto Obama como su secretario del Tesoro, Timothy Geithner, han reiterado que los europeos tienen recursos suficientes para estabilizar la situación y que lo único que les hace falta es "voluntad política" para dar los pasos que se imponen.

Los europeos, por su lado, consideran que están haciendo los deberes, dotándose de las herramientas necesarias para sofocar el incendio a la máxima velocidad que les permite la compleja maquinaria de toma de decisiones europea.

"Espero que discutamos con el presidente Obama la situación de la economía global, incluida la crisis de la deuda soberana en Europa", declaraba esta semana Van Rompuy, y añadía: "Nosotros, la UE y los Estados Unidos, tenemos las relaciones económicas y comerciales más fuertes del planeta, y somos socios de primera magnitud".

EEUU y la UE concentra, en efecto, más del 50% del PIB mundial y más del 40% del comercio, por lo que sigue siendo, hoy por hoy, el bloque económico más importante del planeta.

Durão Barroso abundaba en el mismo mensaje: "Necesitamos trabajar juntos para lograr un crecimiento duradero y equilibrado a escala mundial".

Los dirigentes europeos no están dispuestos a cargar con las culpas de la situación.

"Hay muchas cosas que cada uno tiene que hacer para contribuir a superar el estado actual de cosas. No hay razón para señalar o acusar a nadie. La situación demanda que cooperemos", subrayaba esta semana el embajador de la UE en Washington, João Vale d'Almeida.

Para empezar, Estados Unidos se ha mostrado incapaz hasta el momento de reducir su propio déficit público, como se había comprometido con los socios del G20.

El comité parlamentario bipartidista que tenía que haber llegado esta semana a un acuerdo para la reducción del déficit en al menos 1,2 billones de dólares a lo largo de los próximos diez años se disolvió el lunes, antes del plazo, sin avanzar ni una sola medida.

Pero de la cumbre de mañana lo que esperan ambas partes no es un intercambio de reproches, sino un mensaje de unidad.

"Es una importante señal de que, en tiempos de problemas, los mejores amigos son los mejores aliados y los mejores amigos son aquellos en quienes confiamos para afrontar la tormenta", según Vale d'Almeida.

Antes del encuentro entre los máximos responsables tendrá lugar mañana una reunión del Consejo de Energía EEUU-UE en la que se abordará cuestiones de política energética que se encuentran en la "intersección" con la política exterior y de seguridad.

El martes se celebrará el llamado Transatlantic Economic Council, que fue creado en 2007 cuando presidía el Consejo Europeo la canciller alemana, Angela Merkel, con la misión de maximizar la dimensión económica de las relaciones bilaterales.

El principal tema de este Consejo económico girará en torno a la cooperación en el ámbito de los vehículos eléctricos, un futuro mercado valorado en más de un billón de dólares.

Europeos y estadounidenses pretenden suprimir barreras comerciales, administrativas y de inversión a lo largo del Atlántico, para organizar este mercado y fijar sus reglas, antes de que sean los chinos quienes tomen la delantera con su enorme potencial.

Por José Manuel Sanz