La cantante Raquel Tavares, miembro destacado de la nueva generación de fadistas, se congratuló por la aprobación del fado portugués como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad y aseguró que este singular estilo no solo es un canto a la tristeza, sino también un sí a la vida.

"Cantar fado no es solo cantar a la tristeza, como se dice; es cantar a la vida, y la vida, felizmente, no solo son tristezas", manifestó a Efe la artista de 26 años, quien participó hoy en Lisboa en los actos de celebración de la distinción concedida por la Unesco al género musical luso por excelencia.

En un abarrotado Museo del Fado, situado en el histórico barrio de Alfama, cuna de inmortales fadistas, Tavares resaltó que el galardón servirá para "disipar" las dudas que parte de la industria musical tiene ante este estilo, caracterizado por su sencillez instrumental y su voz profunda.

"El fado es una forma de estar en la vida. Es música del pueblo, fueron las gentes quienes la crearon para poder expresarse", comentó.

La cantante, autora de los discos "Raquel Tavares" (2006) y "Bairro" (2008), explicó que su generación -en la que también sobresalen Ana Moura o Mariza- tiene el deber de dar "continuidad" a la reciente aprobación, pero "sin olvidar" el trabajo realizado por la generación anterior.

En ese sentido, Amália Rodrigues (1922-1999), "La Reina del Fado", es el estandarte de los fadistas que dieron lustre al género fuera de Portugal, aunque también destacan otros nombres como Carlos do Carmo, galardonado con el Goya a la Mejor canción original por "Fado da saudade".

Tavares demandó que el fado se incluya en las escuelas como materia de estudio y le pronosticó larga vida.

"El fado está perfecto de salud. Los niños cantan ahora fado. En mi tiempo, cuando comencé a cantar fado con seis años, era una vergüenza, sentía vergüenza de decirlo en la escuela, porque era música de abuelos, de los mayores. Actualmente el fado es una música para gente joven", constató.

No en vano, según recientes datos de la industria discográfica, este estilo ya representa el 20 por ciento de las ventas de música portuguesa, con más de 305.000 discos vendidos en 2010.