El Partido Nacional del primer ministro electo de Nueva Zelanda, John Key, propuso hoy un pacto estable a tres partidos menores para la formación del nuevo gobierno tras quedarse a un escaño de la mayoría absoluta en las elecciones de ayer.

La formación conservadora logró el 47,99 por ciento de los votos, lo que significa que en el Parlamento unicameral, compuesto por 121 diputados, tendrá 60 escaños, dos más que en la legislatura anterior.

Key anunció que a partir de mañana iniciará las negociaciones con el diputado de la Asociación de Contribuyentes y Consumidores, John Banks, y el de Futuro Unido, Peter Dunne, para renovar la coalición con la que gobernó la última legislatura.

"Mis expectativas sobre estas discusiones es que se basen en términos parecidos a lo que tuvimos en el período entre 2008 y 2011", dijo Key.

"Tenemos una mayoría pequeña cuando piensas en ella en el contexto del Parlamento, pero es una mayoría muy sólida", añadió Key.

El primer ministro electo también dijo que negociará la incorporación de los tres representantes del Partido Maori, que en los últimos tres años ofrecieron diversos apoyos parlamentarios al Gobierno.

"Nos gustaría seguir trabajando con ellos. Creemos que obtuvieron ganancias por su colaboración, que lograron avances en las causas de su gente y creemos que dieron equilibrio", señaló el primer ministro.

La líder maorí, Tariana Turia, dijo que aun es pronto para ofrecer el apoyo al Partido Nacional pero se mostró dispuesta a entrar en un gobierno de coalición.

"No puedes lograr cosas a no ser que estés sentada en la mesa del Gobierno", dijo Turia a TVNZ.

Key señaló su intención de formar gobierno cuanto antes para abordar las medidas necesarias para reactivar el crecimiento económico del país.

"Parte de la razón por la que obtuvimos el resultado de anoche es que los neozelandeses comprendieron muy claramente que la inestabilidad política puede tener un impacto real en la recuperación económica", dijo Key.

El primer ministro fijó como prioridades del nuevo Gobierno la venta parcial de las compañías estatales de energía y de la aerolínea Air New Zealand; la reforma del estado del bienestar y la reconstrucción de Christchurch afectada por un terremoto en febrero.

El perdedor de las elecciones fue el Partido Laborista que en uno de sus peores resultados electorales consiguió 34 escaños, nueve menos que en 2008.

Su líder, Phil Goff, asumió la responsabilidad por los malos resultados del partido y aunque evitó aclarar si abandonará el liderazgo de la formación descartó abandonar su escaño en el Parlamento.