Los egipcios se preparan para votar el lunes en las primeras elecciones desde que fue depuesto Hosni Mubarak, un suceso fundamental que muchos esperan establezca una era democrática después de décadas de dictadura.

Sin embargo, las votaciones ya se han enturbiado en las calles, y la población se ha polarizado y confundido respecto a la dirección que debe tomar la nación.

Nueve meses después del levantamiento popular que ocasionó la expulsión de Mubarak del poder, los manifestantes volvieron a las calles. En esta ocasión, exigen que el mandatario militar, Husein Tantawi y su consejo de generales dimitan de inmediato, acusados de retrasar la transición. Nueve días de enfrentamientos que han dejado más de 40 muertos han incrementado los temores de violencia en las casillas de votación.

La crisis política ha puesto en duda la legitimidad de la votación, que se espera sea dominada por los partidos islámicos. Eso podría hacer que el Parlamento que surge sea irrelevante.

"No tenemos idea por quién vamos a votar", dijo Mustafa Attiya Alí, de 50 años, un peluquero de El Cairo. "No sabemos nada de los candidatos, pero mis amigos y yo nos reuniremos en la noche y decidiremos por quién".

Los mandatarios militares de Egipto decidieron proceder con las elecciones a pesar de la nueva ola de disturbios, escenas igual de descarnadas que durante el primer levantamiento. El domingo por la noche en la plaza Tahrir, el centro original del movimiento, un grupo de miles de personas desafiaron una rara tormenta para mantener las protestas en marcha.

Egipto no ha tenido elecciones justas y limpias en su historia reciente. Las últimas elecciones parlamentarias durante el mandato de Mubarak fueron en noviembre y diciembre del año pasado, y fue un proceso fraudulento que terminó con el partido gobernante ganando la inmensa mayoría de los escaños.

Tantawi y otros generales han prometido asegurar una elección limpia, y efectivos del ejército y de la policía empezaron a emplazarse el domingo por la noche para proteger los miles de centro de votación.

Grupos extranjeros enviaron misiones para atestiguar el voto, pero oficialmente los militares prohibieron observadores electorales extranjeros.

"Tengo graves preocupaciones acerca de la seguridad de las urnas de votación que se queden la noche sin ser contadas en los centros de votación", dijo Hassan Issa, un ingeniero petrolero de Alejandría. "Definitivamente van a ser manipuladas", predijo.

Una alta participación es probable que beneficie a los militares, porque el voto es una parte del plan que propusieron para transferir el poder a autoridades civiles que culmina con elecciones presidenciales antes de finales de junio de 2012.

Asimismo, una alta participación podría debilitar a las decenas de miles de manifestantes antimilitares, muchos de los cuales ven el voto como algo intrascendente. También podría diluir el voto islamista, porque la mayoría de los egipcios, aunque creyentes, prefieren mantener separadas la religión y la política.

Una baja participación, en cambio, podría darle credibilidad a la creencia de los manifestantes de que el voto carece de relevancia y legitimidad, y refuerza el argumento de que las votaciones debían aplazarse hasta que los militares volvieran a sus cuarteles.

El levantamiento que le quitó a Mubarak el poder luego de casi 30 años de dictadura dejó al régimen prácticamente intacto. En las semanas que siguieron a la deposición de Mubarak hubo una serie de protestas masivas que presionaron a los militares para que cumplieran algunas de las demandas revolucionarias, incluyendo el arresto de Mubarak y sus dos hijos. Mubarak ahora enfrenta un juicio por cargos que podrían implicar la pena de muerte.

Las relaciones entre los militares y los grupos de jóvenes detrás de los levantamientos se ha ido deteriorando constantemente, primero por los juicios a civiles ante tribunales militares — al menos 12.000 desde febrero — y luego por otras violaciones a los derechos humanos.

Los militares contestaron a las críticas con una campaña para desacreditar a dichos grupos como peleles de poderes extranjeros, retratando a los manifestantes como jóvenes irresponsables y vándalos.