Los manifestantes cuyas tiendas de campaña se encuentran sobre el césped del Ayuntamiento de Los Angeles dejaron en claro que recibieron el aviso de desalojo emitido por el alcalde Antonio Villaraigosa. Lo que es menos seguro es que lo acaten.

A pocas horas de que se cumpla el plazo del lunes a las 12:01 de la mañana que el alcalde y la policía dieron para el movimiento Ocupemos Los Angeles, muy pocos de los manifestantes recogían sus casas de campaña, y muchos en vez de eso planeaban qué hacer una vez que permanezcan en el lugar.

Algunos mostraban carteles el sábado en los que parodiaban los avisos de desalojo emitidos por las autoridades de la ciudad, con los que anunciaban una "fiesta de bloqueo de desalojo" para el lunes por la mañana.

Decenas de manifestantes acudieron a una sesión de enseñanza de técnicas de resistencia, entre ellas la manera de evadir balas de goma, latas de gas lacrimógeno y pimienta en aerosol.

Por su parte, la policía dio pocos detalles sobre las tácticas que utilizaría en caso de que los manifestantes ignoren la orden de desalojo.

Durante una entrevista concedida al diario Los Angeles Times y publicada el domingo, el jefe de la policía de Los Angeles, Charlie Beck dijo que pese a que durante dos meses no se han registrado enfrentamientos entre las autoridades y los manifestantes, es realista ante la posibilidad de que sucedan.

"No me hago ilusiones de que todos van a irse. Prevemos que haremos algunos arrestos", dijo Beck.

Pero agregó que "seguramente no seremos los primeros en hacer uso de la fuerza".

Villaraigosa anunció el viernes que a pesar de su solidaridad con la causa de los manifestantes, era hora de que el campamento de cerca de 500 casas de campaña abandonen el lugar por el bien de la salud y la seguridad públicas.