El ambiente de triunfo era palpable en la noche del viernes en la sede del islamista Partido Justicia y Desarrollo (PJD) tras la jornada de elecciones legislativas celebradas el viernes en Marruecos.

A falta de resultados oficiales, el propio partido manejaba con cautela sus propias estimaciones, basadas en los recuentos de sus interventores, pero los simpatizantes presentes en la sede recibían con aplausos y ovaciones los resultados parciales que iba dando la televisión marroquí y en los que el partido parece estar a la cabeza.

El secretario general del partido, Abdelilah Benkirán, que se encontraba descansando en su propia casa, dijo a Efe que cree que llegarán "a los cien escaños" en un parlamento de 395, pero admitió que es un cálculo personal con las extrapolaciones hechas de los datos de la televisión.

En el partido se niegan a dar cifras precisas, y el presidente del Consejo Nacional, Saaededín al Otmani, se limitó a reconocer que "hay una tendencia que nos da vencedores; muy probablemente seremos la primera fuerza política".

A su alrededor pululaban periodistas, simpatizantes y militantes de base dispuestos a pasar la noche más larga y probablemente más dulce de la vida de este partido creado en 1998 y que desde entonces no ha parado de crecer.

Otmani no rehuyó hablar de posibles alianzas post-electorales para formar gobierno, pero excluyó de ellas expresamente al Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), considerado una creación del Palacio Real marroquí, así como a Salahedín Mezuar, líder de una coalición liberal que engloba al mismo PAM.

En el mismo sentido se pronunció Lahcen Daoudi, vice secretario general del PJD, quien insistió en que "no hay que cantar victoria" aunque todos a su alrededor ya la cantaban.

El problema es que los datos llegados a la sede del PJD recogían sobre todo las cifras de las ciudades, donde el partido es más popular, pero había pocas disponibles sobre las zonas rurales, donde es mucho más débil.

Mustafa al Jalfi, director del programa electoral del partido y director asimismo del órgano de prensa Al Taydid, no dudó en calificar de "cambio histórico" el que hoy se ha producido, e interpretó que con él Marruecos demuestra que "ha elegido la tercera vía, la que se encuentra entre la revolución y el autoritarismo".

Para Al Jalfi, esta victoria de "un partido de referente islámico que trabaja en colaboración con el Rey refleja la esperanza de todo un pueblo", pero reconoció que la abstención ha sido alta (55 % del cuerpo electoral) y que ahora "hay que trabajar con los jóvenes y devolver la confianza hacia la Política".

No hubo champán en la sede del partido islámico, sino té con menta para celebrar una victoria que ahora deberá traducirse en unas difíciles alianzas para asegurarse la mayoría en un parlamento que suele tener una multitud de pequeños partidos representados.

Javier Otazu