Veinticinco años después de que se destapara el escándalo Irán-Contra, uno de los mayores problemas que afrontó la Administración del expresidente de EE.UU. Ronald Reagan por vender armas a Irán para financiar a la guerrilla antisandinista de Nicaragua, EE.UU. libra una batalla totalmente opuesta para aislar y desarmar al país islámico.

La portada del New York Times hace hoy exactamente 25 años publicaba que Reagan, uno de los presidentes neoconservadores de EE.UU. más influyentes, había llegado a un acuerdo con el Gobierno del ayatolá Jomeini para venderle misiles.

La justificación del trato con la República Islámica -con la que oficialmente no mantenía relaciones tras la caída del Sha- fue la liberación de varios rehenes estadounidenses en manos de milicias libanesas pro iraníes, y de paso acabar con la revolución sandinista del comandante Daniel Ortega en Nicaragua, que en 1979 derrocó al dictador Anastasio Somoza.

Cuarto de siglo después, el Gobierno estadounidense se ha situado en una postura completamente opuesta a la que construyó el "Irangate" de los 80, y ha decidido asumir el liderazgo para aislar y desarmar al Gobierno de Mahmud Ahmadineyad, a quien acusa de estar desarrollando tecnología nuclear con propósitos militares.

EE.UU. aumentó esa presión internacional precisamente esta semana al declarar el país zona "de preocupación prioritaria por lavado de dinero", y anunció nuevas sanciones contra los sectores nuclear y petroquímico.

Las nuevas sanciones tratan de aumentar la presión sobre Irán para que abandone su programa nuclear, del que muchos países, con EE.UU. a la cabeza, sospechan que puede tener fines militares, aunque Teherán lo niega y reitera que proseguirá su desarrollo atómico con fines pacíficos.

En los últimos años, Irán ha avanzado enormemente en sus relaciones económicas con China, Corea del Norte o la India, con los países de su propio entorno, y las áreas africana y latinoamericana.

Desde que Barack Obama, se convirtió en presidente de EE.UU., la Casa Blanca está desarrollando una serie de políticas que han aislado al país islámico "diplomática, regional y globalmente como nunca antes".

El consejero de Seguridad Nacional, Tom Danilon, aseguró recientemente que EE.UU. "ha tenido mucho éxito en la construcción de una amplia y profunda coalición internacional para pedir responsabilidades a Irán".

Pese a los éxitos enumerados por el consejero de la Casa Blanca, Donilon recordó que hay que continuar alerta en cuanto a las actuaciones iraníes, como apuntó el reciente informe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (Iaea).

La Aiea expresó en ese informe la "profunda y creciente preocupación" por las posibles dimensiones militares del programa nuclear de Irán, aunque no incluye una denuncia ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde el caso se trata desde 2006.

A las más que frías relaciones entre ambos países, se les añadió el pasado octubre el presunto intento de atentado contra el embajador de Arabia Saudí en Washington, Adel Al Jubeir, que el Gobierno estadounidense atribuyó a Teherán.

Irán calificó inmediatamente de "falsa" la acusación de EE.UU., que también aseguraba que pretendían atentar contra las legaciones de Israel y Arabia Saudí en la capital norteamericana, y aseguró que la trama era un "guión prefabricado" y "sin fundamento".

Distintas autoridades de la república islámica ya han advertido a EE.UU. que las Fuerzas Armadas Iraníes están "totalmente listas para el combate y darán una respuesta aplastante a quienes se atrevan a atacar el país", además de tomar represalias geoestratégicas.