Debería ser un momento de entusiasmo: los marroquíes tendrán el viernes elecciones parlamentarias, detonadas por el clamor de libertad de la "Primavera Arabe".

No obstante existen pocas señales aquí de que vayan a realizarse elecciones.

No hay carteles, ni actos de candidatos en las ciudades y, en lugar de ello, sólo hay austeras mantas oficiales instando a los ciudadanos a "cumplir con su deber nacional" y a "participar en el cambio que está experimentando el país".

"Los partidos han presentado a la misma gente durante los últimos 30 años; lo menos que podrían hacer es cambiar sus candidatos", dijo Hassan Rafiq, un vendedor de legumbres en la capital Rabat, quien dijo que no planeaba votar.

Al igual que en otros lugares del mundo árabe, los marroquíes salieron a las calles en la primera mitad del 2011 a exigir más democracia, y el rey Mohammed VI respondió enmendando la Constitución y adelantando las elecciones.

Pero desde entonces el sentido de cambio se ha disipado.

El reto real para estas elecciones, en las cuales se espera les vaya bien al opositor partido islamita y a una coalición afín al palacio, será si la gente sale a votar ante una estridente campaña de boicot por parte de paladines de la democracia.

Human Rights Watch, con sede en Estados Unidos, dijo que desde el 20 de octubre el gobierno ha detenido a más de 100 activistas para ser interrogados por apoyar el boicot.

"Citar a decenas de activistas a favor del boicot en estaciones de policía en ciudades de todo el país para ser interrogados equivale a una política estatal de hostigamiento", dijo el miércoles en un comunicado Sarah Leah Whitson, directora del grupo en Medio Oriente.

Es un contraste agudo con la atmósfera electrizante que caracterizó las primeras elecciones libres de Túnez ocurridas apenas el mes pasado.