Los dos grandes sindicatos de Portugal se han unido por tercera vez en 23 años para organizar este jueves una huelga general en su primera prueba de fuerza contra el Gobierno conservador que ganó las elecciones anticipadas de junio.

La Confederación General de Trabajadores de Portugal (CGTP, comunista) y la Unión General de Trabajadores (UGT, socialista) esperan que el paro sea una gran demostración deL descontento social por la política de austeridad del primer ministro, Pedro Passos Coelho.

Ambas centrales sindicales, poco proclives a las acciones conjuntas, se unieron también el año pasado para organizar otra huelga general el mismo 24 de noviembre, aunque entonces contra la política del Ejecutivo socialista que encabezaba José Sócrates.

Fuera de esas dos convocatorias, la CGTP y la UGT, que suman más de un millón de afiliados en un país de 10,5 millones de habitantes, sólo hicieron juntas otra huelga general en 1988.

Ahora los dos sindicatos mayoritarios lusos esperan paralizar el país y obligar al Gobierno conservador a dar un giro en su política económica para que dé prioridad a la creación de empleo y pida menos sacrificios a los trabajadores.

Desde que el anterior Gobierno pidió el rescate financiero de Portugal y perdió, un mes después, las elecciones anticipadas de junio, los conservadores han aprobado varios paquetes de austeridad para intentar cumplir la fuerte reducción del déficit fiscal luso que exige Bruselas, desde el 9,8 % de 2010 hasta un 5,9 % este año.

Pero los sindicatos se quejan de que el corte de pensiones, salarios, inversiones y gastos del sector público han acentuado la recesión, con una caída del PIB del 1,7 % en septiembre y un aumento del desempleo hasta el 12,4 %, cuando a principios del año pasado no llegaba al 10 %.

El secretario general de la CGTP, Manuel Carvalho da Silva, declaró a la prensa que la huelga general va ser una "una señal muy fuerte de que los sacrificios exigidos no tienen sentido" y conducen a un mayor empobrecimiento.

Por su parte, el líder de la UGT, Joao Proença, acusó a Passos Coelho de poner a Portugal de rodillas para pagar sus deudas y concentrar los sacrificios en los trabajadores, sin extenderlos al capital y las empresas.

"Esta huelga pretende ser un serio aviso al Gobierno y también a los empresarios", declaró.

Pero la fuerza que pueda tener ese aviso es una incógnita en Portugal, donde para los sindicatos la huelga general del año pasado fue un éxito histórico y paralizó tres cuartas partes de la masa laboral del país, mientras que según el Ejecutivo socialista de entonces sólo abarcó al 20 % de los empleados públicos.

Los organismos patronales no dieron información sobre la incidencia de aquel paro en el sector privado y el Ejecutivo, que tampoco aventuró ninguna cifra y aseguró que el consumo de electricidad fue normal, sin una caída imputable al descenso de la actividad empresarial.

Ahora los sindicatos esperan una adhesión muy fuerte en el sector de los transportes, donde más se sintió la huelga en 2010, y las empresas de ferrocarriles, metro, autobuses y servicios fluviales del Tajo ya han advertido a los usuarios sobre graves interrupciones de sus servicios.

También el tráfico aéreo se verá previsiblemente muy afectado por la adhesión de varios sindicatos del personal de aviación y aeropuertos, aunque en otros sectores, como la banca y el comercio, hay organizaciones laborales que no se han sumado al paro.

Las centrales laborales han convocado también una treintena de manifestaciones por todo el país durante la huelga para convertirla en una jornada de repudio a las políticas de austeridad.

Por su parte, Passos Coelho, que ha reconocido la extrema dureza de sus medidas económicas, aseguró hoy, sin aludir a la protesta, que el único camino para salir de la crisis que tiene el Estado portugués -bajo fuerte presión de los mercados financieros- es superar el endeudamiento y equilibrar sus gastos.