"El deporte, como actividad social, debe ser para las masas... Es simplemente una estupidez dejar los beneficios del deporte a ciertos individuos y equipos que monopolizan esto mientras las masas proporcionan las instalaciones y pagan los gastos para el establecimiento del deporte público". Moamar Gadafi, en su tratado conocido como "El libro verde".

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Moamar Gadafi decretó que nadie debía ser una estrella, y los deportistas destacados recibieron muy poca atención o apoyo durante su régimen de cuatro décadas.

Como resultado, Libia, un país rico en petróleo, nunca ganó una medalla olímpica y solía ubicarse en los últimos lugares de las competiciones deportivas junto con otros vecinos que tienen menos recursos, como Túnez y Egipto.

Tras la muerte de Gadafi, el mes pasado los atletas y los funcionarios del deporte libio esperan un mejor futuro.

Nabil Eleman, presidente del Comité Olímpico de Libia, confió en que los nuevos líderes del país, incluido Mustafá Abdul-Jalil, un ex jugador de fútbol que preside ahora el Consejo Nacional de Transición, inviertan decididamente en el deporte.

"Los deportes no fueron una prioridad" de Gadafi, dijo Eleman en una entrevista reciente. "Ahora estamos optimistas".

Eleman tiene la mira puesta en los Juegos Olímpicos de 2016 en Río de Janeiro. Hay pocas probabilidades de que los libios ganen alguna medalla en Londres 2012, en parte por la guerra civil de ocho meses que concluyó el 20 de octubre, con el deceso de Gadafi, luego de dejar miles de muertos, heridos y desplazados.

En una tarde reciente, varios deportistas que esperan ir a los Juegos Olímpicos se reunieron por primera vez en meses, en la pista principal en Libia, ubicada en un deteriorado centro deportivo en Trípoli.

Mohamed Jawaja hacía estiramientos en esa instalación.

El atleta, especialista en los 400 metros, ganó la medalla de oro en los Juegos Mediterráneos del 2009 y en el Campeonato Africano del 2010, pero dijo que la guerra y la falta de recursos le impidieron participar en el Mundial realizado este año en Corea del Sur.

Sin embargo, la mejor marca del atleta de 24 años es de 44,98 segundos, muy por debajo de los 45,25 que representan el mínimo requerido para clasificarse a Londres. Sobre si considera que tiene posibilidades de ganar una medalla, Jawaja respondió, "nada es imposible".

Como otros libios, el deportista condena el viejo régimen.

"No había nada que se pudiera llamar deporte en los días de Gadafi", dijo. "Ellos trataron de matar el deporte. Tenían el compromiso de combatir a las estrellas y no dejarlas brillar".

Jawaja confió en que los nuevos líderes de Libia serán distintos.

"Simultáneamente, necesitan comenzar (a realizar cambios) lo más pronto posible, porque tenemos mucho camino que recuperar", opinó.

El lugar de Alí Jalifa en los Juegos Olímpicos es menos seguro.

Lanzó el disco a 57 metros durante un entrenamiento en Túnez a comienzos del año. Pero su mejor registro en competiciones fue de 55,19 en el 2010, muy por debajo de los 70 metros que se requieren para estar en Londres.

El joven de 28 años dijo que se entrenó esporádicamente durante la guerra.

"Me estaba escondiendo de la OTAN", dijo Jalifa respecto de los bombardeos de esa alianza sobre territorio libio durante la guerra civil.

Su entrenador Abdalá Jarhour, quien es dueño de un café, dijo que Jalifa entrena ahora dos veces al día para los Juegos Panárabes del mes próximo en Emiratos Arabes Unidos. El lunes, primer día de los entrenamientos, Jarhour se sentó en una silla de plástico a un lado de la pista y contó el número de estiramientos y ejercicios con pesas que realizaba Jalifa.

Otros libios esperan clasificarse a los Juegos Olímpicos y han ido al extranjero para entrenarse, en parte porque el país carece de instalaciones adecuadas. La turbulencia política actual y las obligaciones que implica una sociedad con estrechos vínculos tribales suelen representar otras distracciones.

Entre quienes entrenan fuera de Libia figura un corredor de medio maratón en Marruecos, tres judokas en Argelia, un taekwondoín en Estados Unidos y un nadador de 50 metros estilo libre en Sudáfrica, dijo Eleman.

Pese al desdén aparente de Gadafi hacia los campeones, dos de los siete hijos del dictador estuvieron estrechamente involucrados en el deporte, como parte de la política del clan gobernante, que buscaba controlar las instituciones clave del país.

Al-Saadi Gadafi encabezó la Federación Libia de Fútbol durante buena parte de la década anterior y era dueño del club Al Ahli en Trípoli.

La emprendió contra el equipo rival al Ahli Bengasi y ordenó a detener a decenas de hinchas y jugadores de éste en el 2000, uno de los motivos por los que figura en la lista de la Interpol, de los prófugos más buscados, por "intimidación armada".

Al-Saadi, quien escapó a Níger durante la guerra civil, tuvo también ambiciones como futbolista. Utilizó su dinero e influencia para jugar en Libia e incluso, fugazmente, en el Perugia de la liga italiana.

Como otras dictaduras de la región, el régimen de Gadafi trató de controlar el fútbol por su popularidad y como medio de control de las masas, dijo el "bloguero" James M. Dorsey.

"Lo que hacía a Libia diferente de otros países en la región era el temor de que los jugadores pudieran volverse más populares que los Gadafi, así como la participación y ambición de al-Saadi", dijo Dorsey, quien imparte clases en la Facultad de Estudios Internacionales Rajaratnam en Singapur.

Por ejemplo, los relatores del fútbol en Libia sólo podían referirse a los jugadores por su número, salvo que se tratara de al-Saadi, a fin de confinarlos a una suerte de anonimato, dijo Dorsey. El fútbol sobrevivió al régimen y, el mes pasado, la selección se clasificó sorpresivamente para la Copa Africana de Naciones del año próximo.

El hijo mayor de Gadafi, Mohamed, antecedió a Eleman como presidente del comité olímpico y huyó a Argelia a comienzos de este año con su madrastra Safiya, la segunda esposa de Gadafi, sus hermanos Hannibal y Aisha.