Los hijos adoptivos de Deb y Doug Carlson han destrozado recámaras, robado tarjetas de crédito y amenazado con matarlos. Uno hizo un inquietante dibujo donde decapitaba a la pareja del sur de la Florida y luego ofrecía una fiesta.

Cuando los Carlson adoptaron a los ahora adolescentes de un orfanato en 2007, les entregaron un delgado expediente con pocos detalles salvo que ambos padecían trastorno de hiperactividad con déficit de atención. Nadie le dijo a la pareja sin hijos que los chicos tenían graves problemas mentales y habían pasado de un asilo de huérfanos a otro. Ahora los jóvenes viven por separado en hogares grupales en los que reciben terapia.

Los terapeutas dicen que uno de los hijos requiere estar en una instalación residencial supervisada, cuyos costos el gobierno estatal ya no pagará a menos que los Carlson le devuelvan la custodia al estado.

"Lo amamos y forma parte de nuestra familia. Tener que tomar una decisión tan difícil para darle el cuidado que necesita es grotesco. Le envía un mensaje horrible a él", dijo Deb Carlson, de 55 años. "Uno siente realmente que ha quedado solo tras firmar la línea punteada. El estado lo abandona totalmente a uno".

Aunque la gran mayoría de las adopciones tienen un final feliz, algunas familias como los Carlson dicen que nadie les dijo nada sobre los problemas psicológicos de sus nuevos hijos y no pueden obtener ayuda de las agencias gubernamentales que los reclutaron para adoptar.

Las quejas de los Carlson llegan en momentos en que hay una campaña a nivel nacional con el fin de hallar hogares para niños de más edad que están en orfanatos y para los que tienen graves problemas de comportamiento y salud mental, los cuales pueden extenuar a sus familias adoptivas tanto en lo emocional como en lo financiero.

La mayor parte de los estados asignan dinero para reclutar padres, pero una vez que un niño es adoptado se destinan pocos fondos para apoyar a las nuevas familias, dicen algunos expertos. Unos 50.000 niños de orfanatos son adoptados cada año en Estados Unidos, cifra que casi duplica a la de la década de 1990.

"Los colocamos en un hogar adoptivo, y no apoyamos ni entrenamos a los padres... a veces sentamos las bases para que las familias fracasen y luego esos niños son colocados de nuevo en el sistema", dijo Rita Soronen, presidenta de la Fundación Dave Thomas para Adopción.

Esa organización sin fines de lucro con sede en Ohio calcula que más del 20% de los casi 6.300 niños de orfanatos a los que ha prestado servicio provenían de adopciones fallidas.

No hay información a nivel nacional que muestre cuántas adopciones fracasan ni se lleva un registro de cuántos niños requieren ayuda adicional. Tampoco se le exige a los estados llevar un registro de las cifras ni reportarlo.

Florida está entre los pocos estados que contabilizan el número de las llamadas adopciones fallidas e interrumpidas, lo cual ocurre cuando las familias adoptivas devuelven a los niños a la casa hogar mientras están en el proceso o después de haber completado una adopción.

En Oklahoma, una activista por los derechos de los niños dijo que la mitad de los 14 chicos en el hogar grupal donde ella trabajaba habían sido adoptados y posteriormente regresados al sistema estatal de orfanatos. Los legisladores allí presionaron para implementar una ley en 2009, ante el temor de que el proceso careciera de la transparencia suficiente.

En mayo, varias organizaciones por el bienestar de los niños cabildearon al Congreso para que se implementen más servicios posteriores a la adopción con el fin de ayudar a familias como los Carlson.

"Los servicios mínimos pudieran representar una gran diferencia para estas familias. En ocasiones se sienten muy abandonadas. Ni siquiera tenemos las estadísticas para examinarlas cuando las cosas salen mal; el cómo y el porqué", dijo la senadora demócrata Any Klobuchar. "Es muy difícil mejorar las cosas si no tenemos la información".