Como si se tratara de un "déja vu", la Junta Militar egipcia parece caer en los mismos tropiezos que llevaron a la caída de Hosni Mubarak en febrero, y su demora en responder a las demandas de la plaza Tahrir ha arrastrado al país a un callejón de difícil salida.

En esta ocasión no hubo zapatos al aire como cuando Mubarak anunció que seguía en el poder el 10 de febrero -solo un día antes de dimitir-, pero la reacción de la plaza Tahrir ante el discurso anoche del mariscal Husein Tantaui fue sorprendentemente similar.

Es probable que la Junta Militar haya ido más lejos de lo que nunca lo hizo Mubarak en sus concesiones, pero el dictamen de la plaza sigue siendo el mismo: "Fuera".

Tantaui se comprometió anoche a celebrar elecciones presidenciales antes del 30 de junio, a mantener los comicios legislativos en su fecha, a partir del próximo lunes 28, y a crear un gobierno de salvación nacional.

Remató su discurso con una extremadamente ambigua oferta de convocar un "referéndum popular" para abandonar inmediatamente el poder "si lo situación así lo requiere".

Las palabras a Efe del joven Ahmed Gharib en Tahrir resume de forma nítida la sensación predominante: "Si Tantaui hubiera pronunciado ese mismo discurso hace tres días, la situación sería diferente".

Ahora, con 33 muertos -considerados "mártires" por los activistas- sobre el tapete, el enconamiento hace complicado vislumbrar un final para la protesta.

Al igual que sucedió con Mubarak, los manifestantes ha ido elevando el techo de sus demandas conforme pasaban los días.

Si al principio podían haber aceptado una fecha para las presidenciales y un nuevo gobierno de salvación, ahora el desafío se ha convertido en una enmienda a la totalidad, sin apenas margen de negociación.

El líder del Movimiento 6 de Abril, germen de las protestas que acabaron con la presidencia de Mubarak, Ahmed Maher consideró, en declaraciones al diario "Al Masry al Youm", que "las palabras de Tantaui no responden a las demandas; el discurso es igual a los de Mubarak en sus últimos días".

Antes de soltar las riendas, el "rais" dio tres discursos: en el primero, el 29 de enero, anunció un cambio de Gobierno y nombró al jefe de los servicios secretos, Omar Suleimán, como vicepresidente; el 1 de febrero dijo que no se presentaría a la reelección; y un día antes de renunciar delegó parte de sus poderes en Suleimán.

Menos de 24 horas después, con su renuncia forzada por las Fuerzas Armadas, se comprobó que ya era demasiado tarde.

Para el analista Issandr el Amrani, autor del prestigioso blog "The Arabist", la intervención televisada de Tantaui fue un "discurso gris que no ofreció un camino claro para pacificar a las multitudes en Tahrir".

Amrani considera que la única salida pasa por "un gesto mucho mayor de lo que Tantaui ofreció anoche, que contenga una visión convincente para el futuro de Egipto".

Lo cierto es que, incluso si la Junta Militar cediese ya el poder a una autoridad civil como reclaman los manifestantes, no está claro quién podría asumir el mando y qué legitimidad le otorgaría Tahrir y el conjunto del país.

Una opción extendida entre los jóvenes de la plaza es un gobierno de unidad nacional en el que estén representadas todas las sensibilidades y se apuntan tres nombres: el premio nobel de la Paz Mohamed el Baradei, el islamista y exmiembro de los Hermanos Musulmanes Abdelmoneim Abul Futuh, y el independiente Hosam Eisa.

Otra opción, como señala Amrani, sería transferir el poder a una consejo de magistrados, que conduciría al país hasta las presidenciales.

Sin embargo, en este momento no parece probable que Tantaui y los generales estén dispuestos a soltar el poder, ni que Tahrir vaya a aceptar cualquier cosa que no sea el fin de la Junta Militar.