El sonido de la música ha llegado por fin a la patria de Mozart.

En su estreno en esta altiva ciudad de amantes de la ópera, considerada el último baluarte contra este emblema del teatro musical de Broadway, "La novicia rebelde" ha suscitado reacciones inesperadamente positivas.

"Un espectáculo maravilloso", dijo con entusiasmo Johann Fink tras la función en la sala barroca del Teatro Estatal de Salzburgo.

No se esperaban reacciones semejantes en esta ciudad, pese a la popularidad global de la obra basada en una historia verídica e inmortalizada en la película homónima de 1965, galardonada con varios Oscar.

Los fanáticos de Broadway en el mundo conocen cada palabra de cada canción que interpreta Julie Andrews como la gobernanta de siete niños que acaba por casarse con el padre, el viudo barón von Trapp, antes de que la familia musical huye de los nazis.

El sonido de otra música es el que resuena en esta ciudad: la de Mozart, Beethoven, Brahms.

Y su concepción de la cultura es distinta.

Aunque los turistas que vienen en busca de los lugares que aparecen en la película dejan millones de dólares anuales, los habitantes los miran con desdén benigno, y a veces los consideran una plaga.

Los residentes del barrio de clase alta donde se encuentra la casa de los von Trapp trataron — en vano — de impedir que se convirtiera el edificio en un hotel. Un museo dedicado al filme aún busca su sede luego que más de 600 vecinos de otro barrio firmaron una petición en contra.

La resistencia persiste aunque la ciudad sería más pobre si no fuera por la atracción del musical.

Peter Proetzner, un guía que diariamente lleva a buses repletos de turistas a los lugares del filme, dice que según una encuesta "La novicia rebelde" es la segunda atracción de la ciudad, después de las decenas de conciertos de música clásica que resuenan en las calles adoquinadas.

En Corea del Sur se enseñan las canciones en las clases de inglés. Algunos extranjeros creen que el tema "Edelweiss", de los autores del musical Richard Rodgers y Oscar Hammerstein, es el himno nacional austríaco. Y las encuestas revelan que tres de cada cuatro estadounidenses que visitan Salzburgo lo hacen para seguir los pasos de la novicia.

En cambio, la mayoría de los salzburgueses desconoce el musical. En una ciudad que califica la cultura estadounidense como basura, los vecinos prefieren que se los identifique con Mozart antes que con el kitsch hollywoodense.

Además, está el aspecto nazi de la "Novicia": la presencia de la bandera con la esvástica y la tropa de asalto en el escenario recuerdan que Hitler era tan austríaco como Mozart.

Pero esta presencia, insoportable para muchos espectadores, no alcanzó a borrar el encanto del espectáculo en su conjunto.

Muchos tarareaban las pegadizas melodías al salir de la función.

"¿Kitsch? Me lo temía", dijo Helmi Popeter. "Pero cuando uno lo ve, se da cuenta de que no es así".

___

El reportero George Jahn puede ser contactado vía http://twitter.com/georgejahn