Los aspirantes republicanos a la presidencia de Estados Unidos abordaron el martes por la noche en un debate de campaña el asunto de los inmigrantes que viven ilegalmente en el país y difirieron sobre la manera de tratar a los millones de personas en esa condición que ya se encuentran en territorio estadounidense.

Asimismo abordaron una amplia gama de asuntos, desde la amenaza de Irán hasta las armas nucleares y la ley antiterrorista, la guerra de Afganistán, las relaciones de EEUU con Pakistán y los recortes al sector defensa.

Newt Gingrich, quien más recientemente ha emergido a la cima de la contienda por la candidatura republicana a la presidencia, opinó que no expulsaría a inmigrantes que estén en el país sin permiso legal, pero que ya hubieran hecho una vida en Estados Unidos. Agregó que los republicanos no pueden decir que su partido está a favor de la familia cuando separa padres de sus hijos que nacieron en el país y tienen ciudadanía.

Gingrich corrió el riesgo el martes de alienar a los conservadores con sus comentarios, en vista de que muchos conservadores se oponen fuertemente a otorgar residencia a inmigrantes que estén sin permiso legal en el país, casi bajo ninguna circunstancia.

El ex presidente de la cámara baja en la década de 1990, dijo que Estados Unidos y sus aliados podrían "quebrar a Irán en un año" y que si se suspenden las ventas de gasolina a Irán y se sabotean sus refinerías podría ocasionar el colapso del gobierno y terminar con sus ambiciones nucleares. Agregó que bombardearía Irán sólo como último recurso y con el objetivo de derrocar al gobierno.

Este fue el segundo debate en menos de dos semanas sobre política exterior en una campaña dominada por los asuntos internos. Los republicanos ven la debilitada economía estadounidense como el punto más vulnerable de Obama.

Con apenas seis semanas antes de las primeras votaciones por la nominación, en la asamblea electoral de Iowa, los candidatos buscaban utilizar el debate para construir, o mantener, en el caso de Gingrich y Romney, el ex gobernador de Massachusetts, impulso.

Los aspirantes a la candidatura presidencial del Partido Republicano discutieron sobre hasta dónde puede Estados Unidos sacrificar libertades con tal de prevenir ataques terroristas.

Gingrich respaldó la ley antiterrorismo conocida como la Ley Patriota, aprobada luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001, la cual ha sido criticada por los defensores de los derechos civiles. El congresista Ron Paul, en cambio, advirtió que la ley "no es patriota porque socava nuestras libertades".

Paul ha chocado con otros contendientes debido a sus posturas, no sólo sobre la Ley Patriota, sino también por pedir que se recorte la ayuda a Israel, que se retiren las tropas de Afganistán y la despenalización de las drogas. El congresista tiene un sólido núcleo de gente que lo apoya y que admira su postura libertaria, pero no ha sido capaz de colocarse entre los primeros puestos en esta carrera por la candidatura.

Asimismo, Paul también está en contra de la corriente al apoyar amplios recortes en el presupuesto militar para reducir el déficit de la nación.

Romney, el ex gobernador de Massachusetts, se opone a los recortes y sugiere que el dinero que se le retire a la milicia podría utilizarse para financiar los programas de salud pública de Obama, los cuales son muy repudiados por los republicanos. Agregó que los recortes podrían obstaculizar la adquisición de armas y otras fundamentales necesidades de defensa.

Romney ha liderado la contienda la mayor parte del año, pero no ha sido capaz de incrementar su apoyo a más del 25%. En tanto, diferentes rivales han emergido a la cima, sólo para después desaparecer. Entre ellos, están la congresista Michele Bachmann, el gobernador de Texas Rick Perry y el empresario Herman Cain.

Gingrich está cerca de la cima en las encuestas ahora, pero no es aún claro que pueda mantener su posición. Más allá de las cuestiones de sus divorcios, y romances extramaritales y asuntos de negocios, sus pasadas posturas ante el cambio climático y otros temas podrían ser vistos como demasiado moderados por algunos conservadores.

Con la excepción de Jon Huntsman, ex embajador en China durante el gobierno de Obama, los contendientes republicanos carecen en general de experiencia considerable en asuntos internacionales, por lo que el debate ofrecía la posibilidad de meteduras de pata.

La candidatura de Cain ya se vio dañada con una respuesta incoherente ante una pregunta de un entrevistador respecto de Libia.

En este debate, Cain dijo que apoyaría un ataque militar israelí en contra de las instalaciones nucleares de Irán sólo si estuviera seguro de que serviría.

Los debates han representado un problema particular para Perry, cuyas esperanzas de revivir su campaña fueron dañadas luego de un error que se convirtió en burla durante el debate pasado, cuando no pudo recordar los nombres de las tres agencias federales a las que quería eliminar.

En general, con un desempleo exorbitante y la debilitada economía que se recupera de la recesión, los candidatos han intentado llevar la discusión sobre política exterior a asuntos que repercutan en los bolsillos internamente.