El fracasado supercomité del Congreso encargado de encontrar un acuerdo para la reducción del déficit presupuestario desapareció tras su fracaso, pero sigue creciendo la presión sobre los legisladores para que confronten rápidamente una pila de costosos asuntos económicos.

Antes de que se vayan a casa a pasar la Navidad y Año Nuevo, los legisladores enfrentan decisiones sobre si renovarán recortes a los impuestos sobre nómina que han significado este año un promedio de casi 1.000 dólares para más de 100 millones de familias.

El Congreso además debe determinar si se extenderán los apoyos por desempleo a largo plazo a millones de estadounidenses.

Sin una acción al respecto, ambos expiran el 1 de enero.

En la lista también se encuentran: si se debe evitar un recorte de 27% en reembolsos de Medicare a doctores, lo que ocurriría el Día de Año Nuevo, así como determinar de qué manera se puede evitar una bochornosa paralización de actividades del gobierno a mediados de diciembre, algo que se ha convertido en un ejercicio frecuente en el acremente dividido Congreso actual.

Proteger el recorte a impuestos sobre ingresos, la ayuda por desempleo y los pagos a médicos podría costar 200.000 millones de dólares o más. Pero enfrentados a una economía flácida, la enorme deuda federal, las elecciones presidenciales y del Congreso para el próximo año, y las imputaciones del supercomité, son inevitables los resquebrajamientos partidistas y los enfrentamientos sobre cada punto.

"En este momento, la gente está tan enojada y sufriendo tanto por fatiga fiscal que es realmente difícil decir lo que quieren", dijo con respecto a los legisladores Steve Bell, un asistente desde hace mucho tiempo de los senadores republicanos en materia de presupuesto, quien además estudia política económica en el Instituto de Política Bipartidista.

Había cierta esperanza de que se incluyeran recomendaciones para el manejo del impuesto por nómina, apoyo por desempleo y pagos de Medicare a médicos en cualquier propuesta producida por el supercomité.