Heredera de una familia de la elite muy influyente en la política, Gloria Macapagal Arroyo sobrevivió a intentos de golpes de estado y escándalos de corrupción durante sus nueve años como presidenta.

En una ocasión mantuvo a su marido afuera del país al ver que había pasado a ser un lastre.

La semana pasada, como una delincuente común, fue encausada y se le tomaron las huellas dactilares en una unidad policial, acusada de fraude electoral. Se le prohibió salir del país para recibir atención médica. Podría pasar el resto de sus días en la cárcel si es hallada culpable.

El juicio de Arroyo será la prueba más grande que sobrelleva la promesa electoral del presidente Benigno Aquino III de combatir la corrupción, incluso en los niveles más altos, y restaurar la credibilidad del público y la confianza de los inversionistas.

El arresto de Aquino causó conmoción entre los filipinos, hastiados ya de los líderes corruptos, empezando con Ferdinand Marcos, el símbolo más acabado de la codicia de un político y quien fue destronado en 1986 por la madre de Aquino, quien también ocupó la presidencia.

"Si no es culpable, ¿por qué trata de escaparse?", preguntó Gerry Rimorin, empleado de una playa de estacionamiento. "Cuando era presidenta, cometió muchos abusos y ahora le están pidiendo una rendición de cuentas".

Desde el arresto de Arroyo no hubo manifestaciones en su apoyo. Los editoriales de los diarios elogiaron a Aquino y los militares, habituados a los golpes y que veían con buenos ojos a Aquino, no se han hecho oír.

"La lección es clara", dijo Rimorin. "Me alegro de que los poderosos tengan que rendir cuentas ahora por sus fechorías, porque siempre pensé que solo los pobres son arrestados".

Un tribunal dispuso el lunes que Arrojo, de 64 años, permanezca detenida en la suite de un hospital caro, donde está siendo tratada de un problema óseo, lo que dio lugar a una pequeña protesta de sectores izquierdistas que quieren verla en una celda policial.

"Si bien hay que estar consciente de los intereses de clase del presidente Benigno Aquino, hay que reconocerle el mérito de haber intentado pedirle explicaciones a funcionarios del gobierno", dijo Gerard Finin, del East-West Center de Hawai.

Arroyo fue presidenta entre el 2001 y el 2010, y ha sido acusada de manipular los resultados de elecciones legislativas en el 2007 para conservar la mayoría en el parlamento. Los fiscales dicen tener testigos que afirman que Arroyo dio instrucciones de arreglar la votación.

La ex presidenta niega los cargos y quiere salir del país para recibir un tratamiento que, según ella, no puede recibir en las Filipinas, pero el gobierno se lo ha impedido.

El vocero oficial de Arroyo, Raúl Lambino, dijo que sus abogados le pidieron a la Corte Suprema que disponga la liberación temporal de Arroyo mientras los tribunales determinan la legalidad de la acusaciones de fraude lanzadas por el Departamento de Justicia y la Comisión Electoral.

Arroyo, hija del ex presidente Diosdado Macapagal, economista y compañera de clases de Bill Clinton en la Georgetown University, ingresó a la política en 1992 y fue senadora y vicepresidenta antes de alcanzar la presidencia en enero del 2001, cuando los militares derrocaron a Joseph Estrada y ella, que había sido la vicepresidenta de Estrada antes de pelearse con él, fue designada en su lugar.

Regresó así al Palacio Malacanang sobre la ribera del río Pasig, donde ya había vivido en su infancia, cuando su padre fue presidente entre 1961 y 1965. Durmió en la misma habitación donde había dormido de adolescente y usó el sencillo escritorio de madera que había usado su padre.

Pronto comenzaron los rumores de corrupción y en el 2003 sobrevivió a un intento de golpe de oficiales jóvenes descontentos con sus manejos y los de la cúpula militar. El alzamiento fue sofocado pacíficamente, pero las acusaciones persistieron.

Arroyo fue reelegida en el 2004, cuando se la acusó de usar dinero del gobierno en su campaña. Triunfó por un margen muy reducido.

Arroyo no tiene carisma y parece más a gusto hablando inglés que tagalog, el idioma de las masas.

Un año después de su reelección, Arroyo enfrentó su peor crisis, al circular grabaciones en las que se la escucha hablando con un funcionario electoral acerca del margen de su victoria.

En medio de rumores de más intentos de golpe y sorteando una crisis tras otra, Arroyo se encontró cada vez más aislada y con menos legitimidad.

Envió a su esposo, el abogado José Miguel "Mike" Arroyo, al exterior por un año cuando él y uno de sus dos hijos fueron involucrados en el manejo de dinero de apuestas ilegales, algo que ambos niegan.

En el 2006 declaró un estado de emergencia para frenar un golpe e hizo uso de sus amplios poderes para silenciar a diarios independientes y detener a políticos de oposición.

Antes de dejar la presidencia, designó un millar de aliados en puestos gubernamentales, en un aparente intento de conservar influencia.

Pero a medida que avanza el proceso en su contra, parece estar quedándose sin amigos.