Thelma Schoonmaker, por años editora de Martin Scorsese, recibe calurosamente a un reportero en su oficina de Manhattan previo a una proyección para prensa de "Hugo", la nueva fantasía en 3-D del realizador.

A la vuelta de la esquina está el área de edición de Schoonmaker, donde ella y Scorsese mantienen el canal Turner Classic Movies sintonizado sin volumen en una pantalla cercana mientras trabajan. Adentro hay una sala de cine en la que Scorsese a menudo ve viejas películas, clásicos familiares y joyas recién descubiertas. En una época se reunían con Elia Kazan todos los sábados para ver uno de sus filmes. Grandes afiches de películas decoran las paredes: "El tercer hombre", "Narciso negro". Las instrucciones para llegar al baño son, "al otro lado de Marlon Brando".

Es, en resumidas cuentas, el sueño de cualquier cinéfilo — una descripción que también puede aplicarse al mágico "Hugo". El filme, adaptado del laureado libro ilustrado de Brian Selznick "La invención de Hugo Cabret", sigue a un huérfano de 12 años, Hugo (interpretado por Asa Butterfield), que vive en una estación de tren en la París de 1930. Pero también es — al igual que muchas cintas de Scorsese — una película sobre películas.

Captura el emocionante descubrimiento del joven Hugo del cine, haciendo resonar la propia experiencia de Scorsese como un niño asmático de la Pequeña Italia de Nueva York. Las aventuras de Hugo terminan por guiarlo hasta el cineasta francés George Melies (Ben Kingsley), un pionero en efectos especiales creyente en la maravilla del séptimo arte.

Pero al igual que Scorsese mira al pasado hacia la historia del cine, también ve hacia adelante: "Hugo" es su primer filme en 3-D. Para un medio que ha soportado muchas críticas y dudas desde la innovadora "Avatar" de James Cameron, el hecho de que Scorsese use de manera entusiasta la tecnología ayuda mucho a su credibilidad.

"Fue una gran cosa cuando Fellini hizo su primera película a color, cuando Bergman hizo su primera película a color, cuando Antonioni hizo 'El desierto rojo''', recordó Scorsese en una entrevista reciente. "Todo el mundo quería ver cómo hicieron el color".

El último año muchos directores notables se han aventurado a experimentar con el 3-D: Werner Herzog ("Cave of Forgotten Dreams"), Francis Ford Coppola ("Twixt"), Wim Wenders ("Pina"), Steven Spielberg ("Las aventuras de Tin Tin"). Pero ninguna propuesta tiene tanta importancia como la de Scorsese, considerado por muchos el mejor cineasta estadounidense.

Un efecto secundario inevitable de siquiera una pincelada de Scorsese se traduce en la duplicación de solicitudes para alquilar la película en Netflix. Su conocimiento enciclopédico del cine constantemente engendra análisis detallado: prefiere discutir miles de películas antes que las suyas.

Al preguntársele qué filmes le muestra a su hija de 12 años, quien ayudó a inspirarlo a hacer "Hugo", Scorsese lista más de 20, una escuela de cine virtual para la adolescencia.

Scorsese creció en otra era de películas en 3-D, y consultó muchas de ellas de los 50: "Terror en el Museo de Cera", "Bésame, Kate", "La llamada fatal". Para él, ver en profundidad es algo natural, "porque vivimos con profundidad".

"Esto tiene un gran potencial", dice el director del 3-D. "Es una progresión natural, especialmente por el hecho de que el cine nos rodea por todos lados. No está sólo en los teatros. Obviamente, lo próximo serán los hologramas. Podrías tener 'West Side Story' con los bailarines bailando en los pasillos, o a un gran actor haciendo 'Hamlet'''.

Scorsese recuerda la llegada del sonido, el recelo inicial por el color y la inclusión de pantallas más grandes con CinemaScope.

"Los críticos franceses — Truffaut, Godard, todos ellos — recibían con beneplácito cada avance tecnológico de Hollywood como parte del cine: color, sonido, y a la larga, pantallas panorámicas", dijo Scorsese. "Estoy seguro que habrían hecho lo mismo con el 3-D".

En "Hugo", la profundidad de las imágenes se aprecia al máximo en el expansivo interior de la estación de tren, construida sobre un estudio de sonido en los Estudios Shepperton en Inglaterra.

"Marty quería hacer más todo el tiempo, diciendo, 'Vamos más allá, vamos más allá''', dijo Schoonmaker, quien ha editado la mayoría de las cintas de Scorsese desde "Toro salvaje". "Toma mucho tiempo y cuidado filmar una toma en 3-D apropiadamente y él estaba muy comprometido a hacerlo ... No me refiero a los aspectos sensacionales del 3-D, sino a lo que él quería en cuanto al modo en que la cámara abraza a los actores".

El director de cinematografía Robert Richardson, otro veterano colaborador de Scorsese, cree que el director ha estado asumiento gradualmente "un acercamiento más clásico de las imágenes", con menos movimientos de cámara y "permitiendo que ocurran más cosas en un solo cuadro". Richardson dice que trabajar en 3-D fue "tremendamente vigorizante" para Scorsese.

"Cada toma que hicimos era un descubrimiento y un experimento", expresó Scorsese.

Aunque entusiasta sobre el 3-D y el futuro del cine, Scorsese guarda alguna ambivalencia sobre cómo los jóvenes perciben la imagen cinematográfica en una cultura más fracturada y distraída.

"No hay un entendimiento real — en este país, al menos — para la mayoría, de lo que es una toma", dice. "La toma en realidad ya no existe en muchas de las narrativas que veo en Estados Unidos ... Hay algo más similar a la animación. Es una mezcla de imágenes. Es un modo distinto de percibir el mundo. No sé si puedo decir que uno sea mejor que el otro. Sólo digo que crecí con el otro. ¿Puedo seguir haciendo el otro? No lo sé. ¿Puedo hacer el nuevo? ¿Quiero? No lo sé. Quizás sí".

Últimamente, el cineasta de 68 años ha estado trabajando con urgencia, como si supiera que no le queda tiempo para hacer todas las películas que desea. Sólo desde "Shutter Island", del año pasado, realizó un documental sobre su devoción por Kazan ("A Letter to Elia"), otro sobre Fran Lebowitz ("Public Speaking") y uno más sobre George Harrison ("George Harrison: Living in the Material World").

Además, continúa como productor del drama de HBO "Boardwalk Empire" y sigue siendo ardiente defensor de la preservación del cine a través de la organización no lucrativa que creó en 1990, la Film Foundation.

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