Supervisores del gobierno de Nepal comenzaron a entrevistar a 19.000 ex rebeldes comunistas en los campamentos donde han vivido por los últimos cinco años para determinar quién se unirá al ejército y quién regresará a casa con dinero en efectivo para comenzar una nueva vida.

Los ex combatientes maoístas han vivido en siete campamentos dispersados por todo Nepal desde que finalizaron su sangrienta revuelta en 2006. Este mes, los principales partidos políticos del país finalmente se pusieron de acuerdo sobre qué hacer con los rebeldes después de años de desacuerdos sobre cuántos deberían ser integrados al ejército.

Balananda Sharma, jefe de los supervisores, dijo que las autoridades que están en los siete campos comenzaron su labor el sábado y no enfrentan ningún problema por parte de los ex insurgentes. Confió en que el proceso transcurra tranquilamente.

El nuevo acuerdo permite que hasta 6.500 ex rebeldes se unan al ejército nepalés en actividades no relacionadas al combate. El resto obtendrá un paquete de rehabilitación con hasta 900.000 rupias (11.500 dólares) en efectivo.

En el campamento Shaktikhor en Chitwan, a unos 200 kilómetros (125 millas) al sur de la capital, Katmandú, cientos de ex rebeldes vestidos con sus uniformes verdes camuflados se formaron afuera de las carpa instaladas por los supervisores.

Los supervisores vestidos con chalecos y gorras azules realizan las entrevistas en mesas y escritorios bajo las carpas. Se espera que las entrevistas duren varios días, después de las cuales será claro cuántos desean unirse al ejército.

Bhavana Baral, una ex rebelde de 25 años y madre de un niño de dos, dijo que le gustaría tomar el dinero e irse del campamento.

"Tengo un niño pequeño conmigo que me necesita. Unirme al ejército no es una opción para mí", dijo Baral a The Associated Press.