El número estimado de casas destruidas a consecuencia un incendio azuzado por el viento se incrementó a más del doble, para llegar a 32, pero el gobernador de Nevada, Brian Sandoval, dijo que es un milagro que no haya habido más pérdidas.

El jefe del departamento de bomberos de Reno Mike Hernández dijo que una nueva revisión de las más de 800 hectáreas quemadas el sábado reveló mucho más destrucción y daños de lo que se había reportado inicialmente.

Las llamas se propagaron por un vendaval y llegaron hasta las faldas de la Sierra el viernes por la madrugada, lo que obligó a la evacuación de casi 10.000 personas. Muchos de los desalojados empezaron a volver a sus hogares el sábado por la tarde.

El gobernador dijo luego de una inspección en helicóptero en la zona que, aunque la pérdida de hogares es una tragedia, los 400 bomberos que acudieron a la zona son héroes por salvar más de otras 4.000 casas que pudieron haber ardido igualmente.