Una bomba incendiaria contra inmigrantes judíos rusos en una estación ferroviaria de Duesseldorf en 2000. Una bomba con clavos en un vecindario de inmigrantes en Colonia en 2004. Un incendio en unos apartamentos en Ludwigshafen donde murieron nueve inmigrantes turcos, entre ellos cinco niños, en 2008.

Todos delitos impunes. Ahora han comenzado a investigarse de nuevo como posible obra de una pequeña pandilla de neonazis que presuntamente mataron y aterrorizaron a grupos minoritarios durante una década, sin ser detectados por las miles de autoridades de seguridad en toda Alemania hasta este mes, en que finalmente tropezaron.

La canciller Angela Merkel ha prometido que se llevará a cabo una investigación a fondo de los delitos cometidos por el grupo, a los que llamó "una desgracia, una vergüenza para Alemania".

Pero aún hay muchas preguntas sin respuesta. Dos de las más importantes son si el grupo es responsable de otros crímenes letales por motivos racistas más allá de las 10 muertes de las que se le culpa, y si hay otros miembros o simpatizantes aún prófugos. Y la nación se pregunta cómo se pudo permitir que un grupo así perpetrara esos delitos durante tanto tiempo sin ser detectado.

El caso ha generado críticas generalizadas de que, en un esfuerzo por concentrarse en el terrorismo de izquierda y el islámico, las autoridades han permanecido ciegas a las amenazas de la ultraderecha.

"Si esto hubiera ocurrido en Turquía, si hubieran matado a ocho o nueve alemanes con la misma arma y si los asesinos no hubieran sido hallados, todas las naciones europeas se habrían levantado en armas; habrían declarado a Turquía un país bárbaro inadecuado para vivir", dijo Elif Kubasik, cuyo esposo Mehmet fue muerto en abril de 2006 en un homicidio vinculado con el grupo, al periódico Sabah de Turquía.

Otras familias de las nueve víctimas conocidas pertenecientes a las minorías han narrado cómo la policía sospechaban del crimen organizado, tráfico de drogas o rivalidades étnicas; todas las causas, pero no violencia de la ultraderecha.

Salvo un griego, todas las víctimas eran de origen turco, y el grupo asumió la responsabilidad de sus muertes en un video casero. También se cree que mató a balazos a una policía alemana en 2007.