El nuevo primer ministro italiano, Mario Monti, acude hoy al Senado para pedir el voto de confianza a su Gobierno, tras lo que llegará el turno de la Cámara de los Diputados, el viernes, para el "sí" definitivo.

Está previsto que a las 13.00 hora local (12.00 GMT), Monti comparezca para explicar sus planes de Gobierno y pedir el voto de confianza en el Senado, la primera de las Cámaras en investir al próximo Ejecutivo dentro de la alternancia que se sigue en Italia (el Gobierno de Silvio Berlusconi acudió en primer lugar a la Cámara Baja en 2008).

Tras el discurso del nuevo primer ministro habrá un debate en el hemiciclo, al que le seguirá el voto de confianza a las 20.30 hora local (19.30 GMT), que se espera que Monti supere con facilidad dado el apoyo casi unánime que le han mostrado las fuerzas parlamentarias en los últimos días de consultas.

El viernes, Monti se presentará ante la Cámara Baja donde repetirá el trámite y donde la votación está prevista para las 14.00 hora local (13.00 GMT).

Después de dos días de consultas con los partidos políticos y agentes sociales, Monti aceptó ayer ante el jefe del Estado italiano, Giorgio Napolitano, la presidencia del Ejecutivo y anunció los nombres de sus integrantes, todos tecnócratas.

Horas después de aceptar el cargo, se celebró en el palacio del Quirinal, sede de la jefatura del Estado, la ceremonia de juramento de Monti como nuevo primer ministro y de los miembros de su Gabinete, integrado por doce ministros con cartera (tres de ellos mujeres) y otros cinco sin cartera.

El nuevo Ejecutivo, en el que Monti ha asumido además el Ministerio de Economía, sucederá al del dimisionario Silvio Berlusconi y deberá hacer frente a uno de los momentos más complicados de la economía de Italia, en el punto de mira de los mercados por la desconfianza que generan sus cuentas públicas, con un endeudamiento del 120 % del PIB, cerca de 1,9 billones de euros.

Berlusconi presentó su dimisión como primer ministro el pasado sábado, tras aprobar el Parlamento italiano las primeras reformas económicas exigidas por Bruselas, después de haber constatado la pérdida de la mayoría absoluta días antes en la Cámara de los Diputados.