Desde políticos hasta directores de empresa, pasando por los ciudadanos comunes, muchos parecen interesados en intervenir de uno u otro modo en el movimiento popular Ocupemos Wall Street que ha florecido en varios puntos del país. Pero hasta ahora es mucho ruido y pocas nueces.

Dos meses después de iniciado, y después que la policía ha ido desmantelado sus campamentos uno por uno, ciudad por ciudad, pocos políticos han abrazado públicamente la causa de los manifestantes y por otra parte han hecho poco para hacer frente a los excesos empresariales y a la desigualdad económica.

Pero algunos observadores dicen que los manifestantes han influido sobre el discurso en Estados Unidos, lo que a su juicio es un primer paso importante.

"Han desplazado el centro de gravedad del debate de modo que ahora se discute la cuestión de la riqueza y el privilegio", comentó William Galston, del Instituto Brookings, el centro de estudios políticos de Washington. "En una democracia, lo que la gente dice tiene importancia".

El senador estatal Vincent Fort, un demócrata que estuvo entre los arrestados cuando los manifestantes fueron expulsados de un parque de Atlanta el mes pasado, asegura que no le preocupa la ausencia de cambios tangibles.

"El movimiento Ocupemos está en pañales", afirmó. "Lo más importante que ha hecho es cambiar la conversación en este país. No es posible tener ningún cambio político ni legislativo hasta que cambie el debate".

Los dirigentes sindicales dicen que el movimiento también ha encendido una chispa de optimismo y energía en el sindicalismo después de un verano de reveses y asaltos a su poder negociador.

"El movimiento Ocupemos ha enmarcado la lucha", dijo Mary Kay Henry, presidenta del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios. "Han cambiado totalmente el debate en un período de 30 días. Ha creado expectativas entre la gente que se sentía derrotada".

Por cierto, los dirigentes sindicales insisten en que el mensaje de desigualdad económica ventilado por el movimiento fue un factor de influencia este mes en Ohio, donde los votantes repelieron por fuerte mayoría una ley que reducía el derecho de los empleados públicos a negociaciones colectivas.

En cuanto al motivo por el que los manifestantes no han traducido sus palabras en hechos, algunos observadores políticos creen que el movimiento nunca aclaró sus objetivos políticos y se ve obstaculizado por la falta de una conducción clara.

Kalle Lasn, cofundador de Adbusters, la revista canadiense que ayudó a avivar el movimiento Ocupemos Wall Street al emitir el llamado inicial para la manifestación en la primavera, dijo que la "magia original" se diluyó en parte cuando las noticias sobre los campamentos en todo el país empezaron a enfocarse menos en el idealismo juvenil de los participantes y más en las drogas, la violencia y el desamparo.

"De algún modo perdimos el nivel, perdimos la narrativa", conjeturó. "Tácticamente el movimiento tiene razón en declarar victoria, celebrar una fiesta monumental y volver con todo en la próxima primavera".