Desde que germinó la idea del euro a finales de la década de 1980, era creencia generalizada que la adopción de la moneda común sería para siempre, aunque ahora los líderes de Francia y Alemania reconocen que Grecia podría abandonar la divisa y todos los países intentan calibrar sus consecuencias.

Lo que está en juego no puede ser mayor: muchos economistas creen que podría sumir la economía global en otra crisis parecida a la causada en el 2008 por la quiebra del banco de inversiones estadounidense Lehman Brothers. Otros creen que sería el principio del fin de crear una Europa unificada de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial.

Empero, hay otros que creen que sería la solución menos penosa, único remedio para una divisa lanzada en 1999 y cuyos defectos de origen impulsaron a tres países a pedir ayuda para evitar la bancarrota. Esa crisis amenaza ahora a Italia — la tercera economía de la eurozona — y hay indicios de que podría infecta a Francia, la segunda más importante.

Si Grecia decide regresar al dracma tras verse obligada a caer en el impago total de su deuda soberana, seguramente se produciría una corrida a los bancos ante la incertidumbre de los depositantes del valor de la nueva moneda al cambiarla por euros, y eso si pueden hacerlo. Ante el potencial agotamiento de los depósitos, los bancos dejarían de prestarse fondos y quebrarían ante la ausencia de acceso al dinero para financiar sus operaciones diarias. Sin capital, las empresas podrían cerrar y los consumidores se dedicarían a almacenar bienes.

Y eso solamente en Grecia.

Los inversionistas comenzarían a especular inmediatamente cuál sería el próximo país del euro que dejaría la divisa, originando el mismo caos en el resto del continente.

"A la postre este es el precio de una unión monetaria mal diseñada", dijo el economista Dario Perkins, de la firma Lombard Street Research. "Aunque a largo plazo podría ser beneficioso que algunos países abandonen el euro — para ellos y para los que continúen — pasaría de seguro algún tiempo antes de producirse esos beneficios".

Hasta ahora, el abandono del euro de algún país en apuro fue tema de comentarios bursátiles y ensayos académicos (el canciller británico William Hague tildó al euro de "un edificio en llamas sin salidas de escape").

Súbitamente, políticos y líderes nacionales analizan abiertamente esa posibilidad. En una reciente reunión cimera, el presidente francés Nicolas Sarkozy y la canciller alemana Angela Merkel dijeron en una declaración que "el tema es si Grecia continúa en la eurozona".

Eso es lo que queremos, agregaron, "pero depende del pueblo griego responder a esa cuestión".

Con todo, un número creciente de analistas creen que la situación de Grecia es insostenible y por lo tanto tiene contados sus días en la eurozona.