Habitar un vagón de ferrocarril sin electricidad ni agua parecería difícil en los tiempos actuales, pero era el comienzo de lo que se esperaba fuese una vida mejor para los inmigrantes mexicanos que llegaron a principios del siglo pasado a una región conocida hoy como las Quad-Cities.

Atraídos por los empleos en ferrocarriles y fábricas, en un principio los mexicanos se asentaron en tres barrios principales: Holy City, cerca de Bettendorf Co.; Cook's Point, entre la calle Howell y la calzada Schmidt en Davenport; y Silvis Yards, una zona de trabajo muy amplia en los trenes Rock Island Lines donde vivían en vagones.

En un momento dado, allí llegaron a jugar en un campo de béisbol y efectuaban ceremonias religiosas en una iglesia construida entre las vías.

Muchas personas mayores que eran niños entonces recuerdan aquellos días como algunos de los más felices de sus vidas, una época en que se colocaban latas aplastadas en los pies para patinar sobre la superficie congelada del río Misisipí o degustaban tres tipos de tamales en Navidad.

Esos y otros recuerdos pueden captarse en la nueva exposición intitulada "Mi Casa Nueva: Herencia Mexicana Q-C" en el Museo Putnam, de Davenport, en la que se explora mediante testimonios materiales y documentales de video la historia de los primeros inmigrantes hispanos en la zona y se destacan los logros de los que viven aquí hoy día.

Las semillas de la muestra fueron sembradas hace cuatro años cuando Kim Findlay, la nueva presidenta y directora general del Putnam, recorrió la parte principal del museo, la muestra "River, Prairie, People" (Río, Pradera, Gente). Findlay advirtió que la sección sobre inmigrantes incluía a los alemanes, irlandeses y suecos, pero no había nada sobre los mexicanos.

Findlay sabía que éstos habían contribuido a los ferrocarriles de la región debido a que su abuelo, que trabajó en los trenes, a veces utilizaba frases en español, y ella fue a una escuela primaria en la que había niños de ascendencia mexicana en Bettendorf.

De acuerdo con el censo de 2010, los hispanos suman 29.024 personas e integran el 7,6% de la población de la región de las Quad-Cities, cinco localidades juntas establecidas a lo largo del río Misisipi, dos en Iowa — Davenport y Bettendorf — y tres en Illinois: Rock Island, Moline y East Moline.

A fin de llenar este "vacío", Findlay invitó a Robert Ontiveros, fundador y presidente del Grupo O — una cadena comercializadora, empaquetadora y abastecedora en Milan, Illinois_, a que aportara ideas para el museo y se pusiera en contacto con sectores que pudieran hacer contribuciones a la muestra.

Entre estos figuraron la Liga de Ciudadanos Estadounidenses Latinos Unidos (LULAC, por sus siglas en inglés); la Casa Guanajuato, un centro comunitario y cultural en Moline; y simpatizantes de Hero Street, el vecindario de Silvis, Illinois, que aportó un número desproporcionado de jóvenes que murieron peleando por su país en las guerras del siglo XX.

El recorrido de la muestra comienza con vitrinas que exhiben artefactos antiguos de la colección permanente del museo, como alfarería azteca y un cuenco procedente de Teotihuacán, una ciudad del México precolombino que floreció del año 100 antes de Cristo al 250 de nuestra era.

Pero el grueso de los objetos que se exhiben son más recientes. Corresponden a lo que los mexicanos trajeron consigo a esta comunidad o compraron cuando llegaron aquí, y fueron prestados por personas generosas deseosas de compartir su historia.

Y ése es uno de los aspectos de la primera inmigración mexicana que se distingue de la alemana e irlandesa: es más cercana en el tiempo al presente. Las personas vivas recuerdan a los inmigrantes.

Entre los objetos exhibidos se incluyen:

— Un metate, un tipo de mortero de piedra en el que se molía harina para hacer tortillas.

— Un nicho, un ejemplo de arte folclórico mexicano que incluye las figuras de Jesús, María y José, un burro y una paloma. Una placa explica que ésta es "una reliquia familiar que fue hallada en un vagón que la familia Sierra usaba como casa, en los terrenos del ferrocarril de Rock Island, en Silvis".

— Un altar a Nuestra Señora de Guadalupe, que se encontraba en la iglesia católica de St. Joseph, en Davenport, desde 1946 hasta que cerró en 1999.

— Una herramienta de zapatero para cambiar las suelas al calzado.

— Uniformes militares y placas que explican cómo la Segunda Guerra Mundial fue un momento decisivo para los hispanos. Pelearon hombro a hombro con otros estadounidenses, pero también querían derechos plenos y participación en otros sectores de la vida.

— Una cocina construida para que parezca como si estuviera dentro de un vagón del ferrocarril Rock Island Lines. Tiene una hielera, collares de ajos y chiles secos, una mesa con una lámpara de queroseno y un mantel bordado con rosas, una estufa, una tina de cobre para bañarse y una estatua de Nuestra Señora de Guadalupe.

En una alcoba cercana a la cocina en el vagón se instaló un sistema en el que se toca una pantalla. Tiene 15 videos que prestó la Richardson-Sloane Special Collections (Colecciones Especiales Richardson-Sloane) de la Biblioteca Pública de Davenport y que contienen historias de descendientes de mexicanos.

La otra mitad de la muestra se centra en sucesos más contemporáneos como las contribuciones de los hispanos a las fuerzas armadas, los deportes, la música y la política. En un sector se destaca la selección de Víctor Moreno como jefe de la policía de East Moline en 2007, así como el servicio de Rita Vargas como archivista del condado de Scott y de Patricia Castro como fiscal adjunta estatal del condado de Rock Island.

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Con información del Quad-City Times, http://www.qctimes.com