La presión de los inversores sobre Europa ha continuado hoy ante la falta de un papel determinante del Banco Central Europeo (BCE), que se niega un día más a comprar deuda soberana de forma masiva e ilimitada.

A pesar de que el viejo continente sufre en estos días una presión sin precedentes que podría poner en peligro la continuidad del euro, el BCE parece actuar al dictado de Alemania, según expertos consultados por Efe.

Alemania no quiere que el organismo imite a la Reserva Federal estadounidense y actúe como prestamista de último recurso, tal y como ha reconocido hoy la canciller Angela Merkel.

Esta negativa ha servido para presionar a los gobiernos a aplicar reformas estructurales, pero la crisis ha continuado extendiéndose y ataca ya "al corazón de Europa", enfriando las relaciones entre Alemania y Francia.

La ministra gala de Presupuesto, Valérie Pécresse, advirtió hoy de que el papel del BCE es asegurar la estabilidad del euro, pero también la estabilidad financiera.

Los inversores siguen desconfiando de Europa, cuya economía, con la salvedad de Alemania, se ve especialmente afectada por las medidas de consolidación fiscal y la restricción del crédito.

Por eso el centro de Europa -Francia, Bélgica y Austria- además de los estados periféricos, sufren desde ayer los ataques, provocando que las rentabilidades de las deudas a diez años suban, aunque no todos los diferenciales hayan aumentando.

La compra algo menos compulsiva que ayer de títulos alemanes a largo plazo hizo que la rentabilidad del "bund" a diez años subiera ligeramente hasta 1,82 %, frente al 1,75 % de ayer.

Los datos macroeconómicos no ayudan y el estancamiento de la economía española en el tercer trimestre puede ser sólo el anticipo de una situación más complicada para el resto de la zona del euro, que avanza de forma muy tímida, según se confirmó ayer.

Los expertos advierten de que el riesgo de que varios países periféricos caigan en recesión aumenta cada día, al tiempo que la debilidad económica se extiende también al centro de Europa, incluso a Alemania.

El motor económico de la Unión Europea se encontró hoy la sorpresa de recibir una demanda menor que en otras ocasiones en una emisión de deuda.

El país sólo consiguió colocar 4.815 millones, de los 6.000 millones que tenía como objetivo, en bonos a dos años, ya que la rentabilidad ha caído hasta un 0,39 %.

Ese interés está en línea con el mínimo histórico del 0,3 % que marcó ayer esa deuda en los mercados secundarios, pero choca con el que tienen que ofrecer otros países del euro, con una solvencia aparente menor.

El cambio político en Italia y la presentación hoy de la lista de nuevos ministros que formarán parte del Ejecutivo liderado por Mario Monti siguieron sin tener un efecto tranquilizador en los mercados.

La rentabilidad del bono transalpino a diez años acabó en el 7 % y la prima de riesgo cayó a 519 puntos básicos, diez menos que ayer.

La compra del Banco Central Europeo (BCE) a primera hora de deuda italiana y española en los mercados secundarios sirvió para contener la escalada de intereses del bono transalpino y el sobrecoste sobre la deuda alemana.

A un día de que España intente colocar 4.000 millones en deuda a diez años, el bono al mismo plazo batió récord en el 6,41 %, mientras la prima de riesgo se amplió hasta 490 puntos básicos, un nuevo récord frente al 457 de ayer.

En otros países, los diferenciales cayeron ligeramente, pero se mantienen en zona de máximos: Bélgica (306 pb), Francia (190 pb) y Austria (181 pb).

En los principales mercados europeos de renta variable, el selectivo de la bolsa española, el IBEX 35, fue el mejor con un alza de un 0,81 %, seguido de Milán (0,77 %) y París (0,52 %). En el lado contrario, Fráncfort bajó un 0,33 % y Londres, un 0,15 %.

El euro mantuvo su cambio en 1,35 dólares, el mínimo de las últimas cinco semanas.