En mitad de la peor tempestad económica en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, España se prepara para elegir presidente entre dos candidatos veteranos, de bajo perfil y amplia experiencia política.

Por caminos diferentes, el líder del conservador Partido Popular Mariano Rajoy, de 56 años, y el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, de 60 años, llegan a las elecciones del domingo con un bagaje similar y vidas paralelas.

En lo personal, no son figuras especialmente carismáticas, comparten gusto por los puros Habanos, se definen amantes del deporte y seguidores del Real Madrid. En lo político, los dos han sido fieles escuderos de sus líderes, hábiles negociadores y han ostentado destacadas responsabilidades de gobierno en los últimos años.

Pero siempre en segunda fila. Como actores secundarios.

"Si en 2008, al día siguiente de las elecciones, a cualquier de nosotros nos hubiesen preguntado quienes van a ser los próximos contendientes electorales; nadie hubiera dicho Rajoy y Rubalcaba", dijo Carlos Barrera, director del Máster en Comunicación Política de la Universidad de Navarra.

"Eran candidatos inesperados hace cuatro años, pero se lo han ganado a pulso. Rajoy y Rubalcaba son comodines, en el sentido positivo de la palabra. Son buenos negociadores y han ocupado ministerios importantes", añadió.

Quizá esa experiencia les ha valido la nominación. Uno de ellos será el encargado de lidiar con un país ahogado en las deudas, una economía al borde otra recesión y una abrumadora tasa de desempleo del 21,5%.

En su tercera tentativa, Rajoy es el que tiene todas las papeletas para salir victorioso de las urnas, según vaticinan todos los sondeos.

Rajoy cayó en 2004 y 2008 ante el presidente saliente José Luis Rodríguez Zapatero. Tímido y de poco carisma, muchos le consideran un superviviente nato.

Natural de Galicia, licenciado en Derecho, registrador de la propiedad por oposición, casado y con dos hijos, Rajoy fue vicepresidente y cuatro veces ministro durante los gobiernos de José María Aznar (1996-2004).

Rajoy tomó las riendas del PP en 2003. Lo hizo sin elección interna, por designación directa de Aznar. Al año siguiente partía como favorito a la presidencia, pero la polémica generada en la ciudadanía tras los atentados islamistas contra varios trenes de Madrid a sólo tres días de las elecciones le pasó factura en las urnas.

La matanza costó la vida a 191 personas. Rajoy y los populares culparon a la organización separatista vasca ETA de los ataques y continuaron haciéndolo a pesar de las evidencias que apuntaban a grupos islamistas radicales.

La derrota fracturó el partido y Rajoy tuvo que batallar para mantener unida la formación. Una lucha que se intensificó tras volver a perder ante Zapatero en el 2008.

Entonces fue su liderazgo el que quedó en entredicho, sobre todo entre el ala más conservadora del PP. Pero Rajoy consiguió preservar la presidencia del partido y darse una tercera oportunidad.

"Rajoy no estaba preparado para ser líder de la oposición, como se puso de manifiesto en la primera legislatura de Zapatero", explicó Barrera. "Tardó cuatro años en darse cuenta. Después de 2008, empezó el otro Rajoy".

"Supo deshacerse de complejos, de tendencias y dependencias del propio pasado del Partido Popular, del 'aznarismo'. Y constituyó, como no había hecho hasta entonces, su propio equipo", agregó.

Su inesperado rival en las urnas es el socialista Rubalcaba. Otro viejo conocido de la política española y el que más difícil lo tiene, según las encuestas.

Licenciado y doctor en Ciencias Químicas, casado y sin hijos, Rubalcaba se dio a conocer como ministro de Educación y portavoz en la última etapa del socialista Felipe González en la presidencia española (1982-1996).

Tras los ocho años de Aznar y la posterior victoria socialista del 2004, Zapatero convirtió a Rubalcaba en uno de sus hombres de confianza. Como ministro del Interior, jugó un papel clave en la lucha contra ETA, que el pasado 20 de octubre anunció su renuncia a la lucha armada tras 43 años de atentados y 829 muertos. Además, fue vicepresidente.

"Con 13 años, ya era el delegado de la clase", relató la AP Jaime Lissavetzky, portavoz socialista en el ayuntamiento de Madrid y amigo personal de Rubalcaba desde la infancia. "Es más inteligente que astuto, muy emotivo. Tiene una visión muy general de las cosas y una enorme capacidad de trabajo".

En los dos últimos años, la gestión de la crisis económica, las altas tasas de desempleo y medidas impopulares como el retraso de la edad de jubilación de los 65 a los 67 años erosionaron la imagen del Partido Socialista.

Zapatero anunció que no concurriría a un tercer mandato. Y todas las miradas se volvieron hacia Rubalcaba. Sin rivales dentro de la propia formación, fue aclamado como candidato.

"Rubalcaba aceptó por un alto sentido de la responsabilidad en unas condiciones que no son las mejores", afirmó Lissavetzky.

Amante y fiel seguidor del atletismo, Rubalcaba fue velocista durante la juventud. Incluso llegó a correr los 100 metros en 10,9 segundos a finales de los años 60.

Según Lissavetzky, el candidato, con el que habla a diario, se toma la contienda electoral como si fuera una prueba de atletismo.

"En un 'sprint', cuando estás en la recta final, hay que intentar remontar y tirarte encima de la línea de meta todo lo que puedas", dijo. "Lo único que (Rubalcaba) no puede hacer, como si fuera una carrera, es mirar a los lados o atrás, porque se pierde tiempo".

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Jorge Sáinz está en twitter como @Sainz_Jorge