Pocas veces unas elecciones en España parecieron estar tan decididas de antemano.

La grave crisis económica y de deuda junto a una tasa de desempleo del 21,5% marcan las elecciones generales del domingo, en las que se espera que los votantes desalojen al socialismo del poder y dejen el gobierno en manos de la oposición conservadora.

Todas las encuestas, sin excepción, vaticinan un arrollador triunfo del centroderechista Partido Popular (PP) y su líder Mariano Rajoy sobre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que encabeza el candidato Alfredo Pérez Rubalcaba.

Rajoy; un político de dilatada trayectoria, escaso carisma y poca popularidad en los sondeos, que ya perdió las dos anteriores elecciones; parece más cerca que nunca de la presidencia del gobierno en su tercer intento.

Pero su mandato, se iniciaría en unas circunstancias muy complicadas para España y Europa.

"El gran problema es el estancamiento económico, la falta de crecimiento y junto con ello la elevadísima tasa de desempleo", dijo José Luis Alvarez, director del departamento de Economía de la Universidad de Navarra. "Esos son los principales condicionantes de la economía española y es lo que lastra a todo lo demás, incluido el problema de la sostenibilidad de la deuda".

La victoria de Rajoy, de 56 años, devolvería el poder a los populares tras casi ocho años de gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, quien imprimió un sello liberal a sus políticas sociales impulsando leyes como la del matrimonio homosexual.

Pero la gestión económica socavó la imagen de Zapatero, muy criticado por negar la gravedad de la situación en un primer momento y después actuar tarde y de manera errática para contener la hemorragia causada por la crisis internacional y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria ibérica.

La misma burbuja que infló el crecimiento español en la última década.

Zapatero, consciente de la caída de su popularidad, anunció que no concurriría a un tercer mandato y decidió adelantar las elecciones, previstas inicialmente en marzo de 2012, para tratar de minimizar el daño a las opciones socialistas.

El veterano Rubalcaba, de 60 años, ex ministro del Interior y vicepresidente de la mano de Zapatero, emergió como el candidato del PSOE.

Desde entonces, los principales indicadores económicos no hacen sino dibujar un cielo cada vez más negro. El desempleo del 21,5% tiene a casi 5 millones de personas desocupadas. La economía se estancó en el tercer trimestre de 2011 y amenaza con volver a la recesión, mientras que la crisis asola al euro y la presión sobre la deuda ibérica siguen teniendo a España como candidato a un rescate financiero similar al de Grecia, Irlanda y Portugal.

"Por ahora, la izquierda en España está acabada", señaló Antonio Sanz, un votante socialista que trabaja como comerciante y ha estado desempleado los últimos siete meses. "No vemos una salida fácil, porque todo lo que nos rodea es más de lo mismo".

"Estamos viendo Italia, Portugal, Grecia y nosotros (España) estamos en el medio de este lío", añadió.

Aunque la victoria es dulce por definición, la papeleta de Rajoy, si finalmente gana, no resultaría sencilla.

El líder popular enfrenta el dilema de combinar los ajustes y la reducción del déficit con la necesidad imperante de reflotar la economía y evitar otra recesión.

En el único debate televisado entre los dos candidatos el 7 de noviembre, Pérez Rubalcaba cuestionó reiteradamente a Rajoy sobre su programa económico, como si diera por hecha la victoria de su rival, y le acusó de guardar una agenda oculta de recortes sociales en la Sanidad y la Educación pública.

"Ni el PP ni el PSOE explican que política económica harían. Hablan de objetivos", explicó Alvarez. "El PSOE habla de defender el estado del bienestar sobre todo. El PP habla de reformas para generar empleo".

"Pero ninguno entra a detallar lo que va a hacer. Echo de menos un esfuerzo didáctico y de explicar a la ciudadanía lo que hay que hacer y por qué hay que hacerlo y que, desgraciadamente, va a tener algún coste", agregó.

Poco o nada se ha podido saber en campaña de los planes de los candidatos. Rubalcaba anunció nuevos impuestos a las grandes fortunas y los bancos para financiar planes de empleo. Incluso mencionó de pasada una reorganización del Ejército para ahorrar costes.

Rajoy prometió rebajas de impuestos a pequeñas y medianas empresas que fomenten la contratación a partir de enero.

"Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, endeudándonos y ahora nos encontramos con que el peso de esa deuda es muy fuerte y tenemos que gastar un poquito menos", argumentó Alvarez. "El estado del bienestar es sostenible si tienes una economía que crece. Si tienes una economía que se empobrece, que es lo que ocurre ahora, hay que ser austeros".

La economía centra de tal manera el debate, que ni políticas como la migratoria, la exterior ni siquiera el deseado anuncio del grupo separatista vasco ETA de abandono de la violencia tras más de 40 años de lucha armada han alterado el escenario y el guión previstos.

Rubalcaba, como ex ministro del Interior, jugó un papel clave en el camino recorrido hasta llegar al anuncio de ETA. Pero no parece que el socialismo haya recortado las distancias.

En las elecciones del domingo, más de 35,7 millones de españoles están llamados a las urnas para elegir los 350 escaños del Congreso de los Diputados y más de dos tercios del Senado.

En la legislatura que termina, el socialismo ocupaba 169 asientos por 154 del PP. La encuesta de Metroscopia publicada el pasado fin de semana por el madrileño El País concedía a los populares un récord de 196 escaños, relegando al PSOE a los 110.

Una ventaja de 14 puntos, que daría al PP su mayor victoria histórica en la era democrática inaugurada en España tras la muerte de Francisco Franco en 1975.

"Vamos a necesitar ser muy valientes, pero también muy prudentes", dijo Rajoy en una entrevista al diario El Mundo sobre sus políticas económicas.

"Fuera de España, el mensaje es que vamos en serio, que vamos a hacer bien las cosas", agregó.

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Jorge Sáinz está en twitter como @Sainz_Jorge