Miles hacen fila para ingresar en los comedores comunitarios. Aumentan quienes piden prestado, quienes sacan sus ahorros y muchos jóvenes simplemente se han rendido: permanecen en casa, no estudian y ni siquiera buscan empleo.

Estas personas constituyen los pobres invisibles de Italia, que no ven los turistas, son ignorados por los políticos y viven una realidad muy distinta a la que expusiera el ex primer ministro Silvio Berlusconi al hablar de un país rico con "restaurantes llenos".

Según Francesa Zuccari, que dirige un comedor de pobres en Roma, "hay otra ciudad aquí en la que la gente no tiene para llegar al fin de mes".

Esta es la Italia que aguarda a Mario Monti, el profesor de economía a quien se ha encomendado la formación de un gobierno tecnocrático interino después de que Berlusconi fuera obligado a renunciar la semana pasada.

Los mercados internacionales y la comunidad europea decidieron que el magnate de medios, de 75 años de edad, carecía de la fuerza política para decretar las reformas necesarias con miras a evitar que empeorase una crisis derivada del endeudamiento y dinamizar la economía del país.

El martes, Monti consiguió el apoyo de los dos partidos políticos más grandes de Italia, pero persiste la duda de si los políticos respaldarán los cambios dolorosos que se prevé propondrá a riesgo de la paz social.

Por un lado, la elite de fabricantes de Italia se prepara para aumentar las exportaciones de artículos de lujo mientras que algunos italianos ricos consideran colocar sus capitales en los mercados de bienes raíces de Nueva York, Miami y París.

Por el otro, ocho millones de italianos, casi 14% de la población, vive en "pobreza relativa", según el instituto estatal de estadísticas de Italia, el ISTAAT.

Aunque los pobres quizá no son advertidos cuando los turistas visitan las colinas ondulantes de Toscana, los canales de Venecia o los poblados pintorescos de la costa de Amalfi, cada vez son más visibles en las calles de las ciudades italianas.

Muchos italianos han comenzado a sacar su dinero de los bancos por temor a versiones de que las medidas para combatir la crisis por la deuda soberana podrían incluir deducciones a las cuentas bancarias, como ocurrió en la década de 1990.

"(La gente) está guardando su dinero debajo del colchón o dentro de botellas de vino vacías en los sótanos. Somos un país de agricultores", dijo Elio Lannutti, presidente del grupo de protección a los consumidores Adusbeb.

Una organización estadounidense de servicios en Roma solicitó a sus integrantes que dediquen el feriado del Día de Acción de Gracias de la próxima semana a la preparación de paquetes de comida para los pobres.

Zuccari dijo que en los últimos tres años aumentó 20% la demanda de paquetes de comida, debido a que ahora italianos bien vestidos también hacen fila al lado de los inmigrantes.

Caritas, el ala caritativa de la iglesia Católica, afirma que ha aumentado el número de familias que no completan el gasto inesperado de 700 euros (947 dólares) si no piden prestado.

"La brecha geográfica es verdad dramática", dijo Walter Nanni, de Caritas, mientras exponía que de acuerdo con las estadísticas, la pobreza asuela con severidad el sur de Italia.

Mientras que 18% de las familias en la provincia Alpina de Trento no pueden reunir los pagos imprevistos para gastos médicos o reparaciones de autos, la cifra se eleva a 48% en Sicilia.

"El sur muestra en una manera particular signos cada vez mayores de vulnerabilidad económica y social", dijo monseñor Mariano Crociata, secretario general de la Conferencia de Obispos de Italia, en un informe sobre pobreza difundido en octubre.

Un aspecto cierto es que Italia no se encuentra tan mal como Grecia o Portugal, que registran recesión y alto desempleo mientras que han recibido rescates financieros.

Sin embargo, las perspectivas de Italia tampoco son brillantes, en particular debido a su fuga de cerebros y políticas que han marginado aun más a los jóvenes subutilizados.

Una gerontocracia ocupa los principales cargos profesionales de Italia, donde todavía se consideran prometedores a los trabajadores cuarentones. En los círculos políticos más altos están Monti, de 68 años; Berlusconi, de 75, y el presidente de Italia, Giorgio Napolitano, de 86.

Muchos italianos más jóvenes en campos como la medicina, la ciencia y la tecnología emigran a países con más oportunidades y movilidad profesional.

Y las perspectivas para quienes han permanecido en el país se erosionan a gran velocidad. El Banco de Italia informó en noviembre que casi uno de cada cuatro italianos menores de 30 años — un total de 2,2 millones de personas — ni estudian ni trabajan.

La gran mayoría de los SEEC italianos — abreviatura de "sin educación, empleo o capacitación" — vive en casa con al menos uno de los padres, y 25% vive en una familia en la que nadie trabaja, según el banco.

Un título universitario ayuda poco: 20% de los graduados universitarios carecen de empleo.

Los abogados en Italia practican dos años antes de hacer el examen de su colegio y muchas empresas aprovechan este requisito para hacer que los practicantes trabajen gratis.

Entre las medidas que se discuten para confrontar la crisis de la deuda figura el requisito de que se pague a los pasantes.

"Cuando menos hay cierta esperanza con Monti debido a que no es un político sometido a la presión de los cabilderos", dijo Francesco Bureca, quien se graduó de una escuela elitista pero no puede encontrar trabajo.

Sin embargo, los izquierdistas radicales prevén que no habrá mejoras para los pobres de Italia, incluso con el nuevo gobierno.

"El gobierno de Monti nace de un mandato de la Confindustria (un cabildero empresarial poderoso) y los bancos", dijo Marco Ferrando, dirigente del pequeño Partido Comunista de los Trabajadores".

Ferrando convocó nuevas protestas. La anterior movilización importante contra la situación económica en Italia efectuada hace semanas terminó en disturbios sangrientos en las calles de Roma.

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Barry informó desde Milán.