Sammy Ellis se deja llevar por su acompañante a lo largo de la pista en el subsuelo obscuro de un bar porteño. Con dificultad practica barridas, ganchos y los ochos mientras de fondo suena la orquesta del maestro Osvaldo Pugliese. Es una clase tradicional de tango salvo por el hecho de que su pareja de baile es otra mujer.

Ellis, una estadounidense de 71 años, vino desde la lejana California para practicar su danza favorita en el quinto festival internacional de Tango Queer, una modalidad dentro del tango en la que el sexo de la persona no necesariamente define el rol que cumple en el baile.

"Normalmente el tango es conocido por hombre-mujer. El hombre conduce y la mujer es la conducida. En el Tango Queer esos roles son flexibles: puede haber hombres que conducen, hombres que siguen, mujeres que conducen y mujeres que siguen. Las parejas pueden ser hombre-hombre o mujer-mujer o parejas hombre-mujer con roles invertidos al estilo tradicional", explicó a AP Augusto Balizano, bailarín, profesor y uno de los organizadores del festival que comenzaba el martes.

El Tango Queer surgió a principios de este siglo en Hamburgo, Alemania, cuando un grupo de mujeres locales se propusieron organizar un festival de tango dirigido al público gay, pero que no quedara limitado al mismo. La propuesta rápidamente se extendió a ciudades como Estocolomo, Berlín, Copenhague, San Franciso, México y Buenos Aires.

Ellis, quien dijo ser lesbiana, y otra decena de personas mayormente extranjeras, toman clases de dos horas con prestigiosos profesores de tango, en una de las tantas actividades que ofrece el festival. Durante una semana, también habrá espectáculos y milongas en reconocidos salones de baile de la capital argentina.

"A veces me gusta conducir, otras ser conducida", dijo en inglés Ellis, asistente frecuente del festival. "El tango no se baila con la cabeza, sino con el corazón. Implica una conexión, una comunicación con el otro y una cercanía que sobresalen cuando hoy el mundo prefiere comunicarse con mensajes de texto de teléfonos móviles".

El tango surgió a fines del siglo XIX en los suburbios de Buenos Aires y Montevideo. En sus inicios, sólo los hombres lo bailaban. Pero aquellos antecedentes no cuentan para los tangueros tradicionales, que miran de reojo a las parejas del mismo sexo del Tango Queer.

A un costado del salón Cultura Tanguera, Alejandro Villalobos observa atentamente a maestros y alumnos. Y luego practica con ellos barridas, sacadas al piso y los enrosques, figuras típicas del tango. Este bailarín mexicano de 29 años asiste por primera vez al festival para perfeccionarse y aplicar lo aprendido a sus pupilos de una academia de tango en Montreal, Canadá.

"El tango es una danza bien difícil... Aquí puedo practicar los dos roles para después guiar mejor a mis alumnos en Canadá", indicó Villalobos, quien pagó 400 dólares por el "paquete" completo del festival, que incluye las clases y las entradas a los espectáculos.

"Acá están los mejores, vale la pena la inversión", acotó.

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En Internet:

http://www.tangoqueer.com/

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