Todo empezó a principios del mes pasado, cuando un niño taiwanés entregó su alcancía llena de monedas al candidato a presidente por la oposición y el gobierno declaró ilegal la donación debido a que los menores tienen prohibido involucrarse en las campañas políticas.

Eso dio origen al movimiento "Los tres cerditos" del Partido Progresista Democrático, que ahora está haciendo furor en esta nación insular de 23 millones de habitantes.

Aprovechando el cuento de hadas, el PPD ha distribuido pequeñas alcancías de plástico con vivos colores rojos y anaranjados.

La idea es que sumando esfuerzos, las pequeñas donaciones individuales de decenas de miles de trabajadores y agricultores puedan superar al lobo feroz representado por el poder empresarial taiwanés y derrotar al mandatario Ma Ying-jeou y sus supuestos compinches capitalistas en las elecciones presidenciales del 14 de enero.

La campaña de las alcancías es un recordatorio que no toda la política taiwanesa gira en torno de la conflictiva relación de la isla con China, de la que se separó durante una guerra civil en 1949.

Aunque esa cuestión es la que más interés genera en el exterior, los mismos taiwaneses suelen estar más preocupados por cuestiones más pedestres, como salarios, inflación y empleo.

La economía de Taiwán ha registrado un desempeño relativamente positivo en los últimos años, pero aumentan las quejas por la creciente desigualdad de los ingresos, agravadas por un auge de viviendas que parece reservada a los grandes asalariados y a un cambio en el mercado laboral que parece castigar a los trabajadores menos especializados.

Esa situación favorece a Tsai Ing-wen, el candidato presidencial del PPD y el foco de la campaña de los cerditos.