Los cuerpos de los 17 miembros del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución iraní, entre ellos un general, muertos el sábado pasado en una explosión en un polvorín de una base militar, fueron enterrados hoy tras una ceremonia fúnebre a la que asistió el líder supremos del país, ayatolá Alí Jameneí.

Jameneí, junto altos cargos del Gobierno, el Parlamento y las Fuerzas Armadas, acudió al acto, que tuvo lugar en una dependencia militar, donde se expusieron los féretros de los fallecidos cubiertos con la bandera de la República Islámica de Irán y sus fotos, informó la agencia local Mehr.

Jameneí se reunió con los familiares de los fallecidos, entre ellos el general Hasan Mogadam, reconocido experto en misiles, cuyo deceso en este suceso ha llevado a varios medios internacionales a recoger declaraciones que apuntan a que la deflagración pudo ser ocasionada por la explosión de uno de estos proyectiles.

En el acto, según la televisión pública iraní, el general Husein Salami, vicecomandante de los Guardianes de la Revolución, se refirió al general Mogadam, jefe de aprovisionamiento de armas de este cuerpo especial del régimen islámico, como el "arquitecto" del programa de misiles y "fundador del poder disuasorio" de Irán.

Ayer, el general Ramezan Sharif, jefe de Relaciones Públicas de los Guardianes de la Revolución, descartó la posibilidad de un sabotaje como la causa de la explosión ocurrida el sábado en el polvorín del acuartelamiento de Bidgeneh, en la población de Malard, 45 kilómetros al noroeste de Teherán.

"La explosión fue causada por un accidente y el fuego quedó totalmente controlado ayer (sábado)", dijo Sharif, quien repitió que el suceso se produjo cuando se trasladaba un alijo de municiones dentro del polvorín del cuartel.

Sharif recalcó que hay una investigación en marcha y que se informará de las causas precisas cuando concluya, pero insistió en calificar al suceso de "accidente" y descartar el sabotaje.