Más de 3.000 policías y soldados respaldados por vehículos blindados y helicópteros militares irrumpieron antes del amanecer del domingo en la favela más grande de Río de Janeiro y tomaron rápidamente el control de un barrio dominado durante décadas por una pandilla armada.

La toma de Rocinha fue la operación más vasta hasta ahora en los esfuerzos del gobierno para aumentar la seguridad antes de que Río de Janeiro sea la sede de partidos de la Copa Mundial de fútbol en 2014 y de los Juegos Olímpicos en 2016. Las autoridades cuentan con que esos acontecimientos resalten el ascenso de Brasil como potencia económica, política y cultural en el mundo.

El jefe de seguridad estatal y principal arquitecto del programa de pacificación de las barriadas pobres de Río, José Mariano Beltrame, calificó la operación como un éxito y un gran paso para romper el dominio de los traficantes en zonas clave de Río.

"Hemos tomado áreas que durante 30 o 40 años estuvieron en manos de ...un poder paralelo", señaló. "Esta es un área muy grande. Es una de las barriadas pobres más grandes de América Latina, si no del mundo. Estamos devolviendo la dignidad y el territorio a la gente".

La acción en Rocinha es parte de una campaña para expulsar a las pandillas de narcotraficantes de las favelas de la ciudad, donde esos grupos a menudo imperan sin que nadie se los impida. La ciudad de Rio de Janeiro tiene más de 1.000 favelas, en las que vive aproximadamente una tercera parte de sus seis millones de habitantes.

Las autoridades dijeron que les tomó apenas 90 minutos apoderarse de Rocinha. Simultáneamente, la Policía ocupó la favela vecina de Vidigal, dominada previamente por la pandilla Amigos de Amigos.

Ambas favelas están ubicadas entre dos de los barrios más acaudalados de Rio, y las casuchas de Rocinha trepan una ladera cubierta de selva tropical. El domingo, la Policía barrió metódicamente calles y callejones en su ascenso por la empinada favela.

Los helicópteros continuaban volando sobre la favela y la selva colindante horas después, mientras la Policía perseguía a sospechosos que pudieron haber huido a la selva. Al atardecer, la policía dijo que sólo había hecho cuatro arrestos.

Los habitantes se asomaban por las ventanas de sus casas y se quedaban mirando mientras los vehículos blindados avanzaban rugiendo por las calles. Oficiales armados con fusiles de la unidad policial de elite BOPE, que se hizo famosa por las dos películas "Tropa de elite", enseñaban sus armas por estrechos pasillos.

En un callejón lateral, la policía descubrió una casa que, informaron, pertenecía al segundo líder de pandillas más importante, Sandro Luiz de Paula Amorim, conocido como "Peixe", que fue capturado por la policía unos días antes, cuando cercaba Rocinha con controles policiales.

La vivienda de tres pisos de Amorim, en un marcado contraste con las casuchas pobres a su alrededor, estaba equipada con un gran jacuzzi, piscina, un acuario gigante, televisión de alta definición y un solo libro: el antiguo texto militar chino "El arte de la Guerra".

Un residente aplaudía la toma de la Policía. "Digan al mundo que no todos somos narcotraficantes. Somos gente trabajadora y ahora vienen a liberarnos", gritó un hombre mientras la Policía y los reporteros avanzaban.

La ubicación de Rocinha la ha convertido en uno de los puntos de distribución de drogas más rentables y grandes en la ciudad.

"Rocinha es uno de los puntos de mayor importancia estratégica para que controle la Policía en Río de Janeiro", dijo Paulo Storani, consultor de seguridad y ex capitán de la BOPE. "La pacificación de Rocinha significa que las autoridades han cerrado un circuito de seguridad alrededor de las áreas que serán sede de la mayor parte de las actividades de los Juegos Olímpicos y la Copa del Mundo".

Según cálculos, la pandilla Amigos de los Amigos, que ha controlado Rocinha y la vecina barriada de Vidigal, gana más de 50 millones de dólares por venta de drogas al año. Gran parte de las ventas son a turistas que se hospedan en los barrios elegantes de las playas de Leblon, Ipanema y Copacabana, así como brasileños de clase media y alta que viven en ellos.

"Esta acción es un gran golpe a la estructura del tráfico de drogas en Río de Janeiro y contra la segunda facción más grande" en este delito, dijo Storani. "Más allá de eso, es esencial tener seguridad en esta área simplemente por el gran número de gente que circula por ahí".

"Estamos recuperando este territorio para los 100.000 ciudadanos de Rocinha, que necesitan la paz", dijo Sergio Cabral, gobernador del estado de Rio de Janeiro.

La toma de Rocinha se produce al final de un año decisivo en la lucha contra las bandas de narcotraficantes. El programa de Río para instalar "unidades de pacificación policial" permanentes en los barrios pobres se inició en 2008.

Las favelas a las que se dirigieron los esfuerzos iniciales no estaban entre las más violentas. Pero en noviembre del año pasado, las pandillas contraatacaron con una ofensiva de una semana de ataques, con quema de autobuses y asaltos a conductores en las autopistas que sembraron terror y caos. Al menos 36 personas murieron en la ola de violencia, en su mayoría presuntos traficantes de droga que combatían a la policía.

El aumento de la violencia empujó a la policía a invadir el temido complejo Alemao de barrios marginales en la zona norte, cerca de una autopista que conduce al aeropuerto internacional. La policía dispersó a los pandilleros y tomó el control en cuestión de horas, lo que impregnó nueva confianza a la ciudad para superar sus problemas de seguridad, a pesar de que la mayoría de los líderes de bandas escaparon.

Un año después, la operación en Rocinha se produce tras una cuidadosa planificación y en un momento elegido por las autoridades.