Unidades de elite de la policía apoyadas por vehículos blindados y helicópteros militares incursionaron en la mayor favela de Río de Janeiro antes del amanecer del domingo en la operación más ambiciosa hasta ahora en una ofensiva que busca traer seguridad a una ciudad costera conocida desde hace tiempo por la violencia.

La acción forma parte de una campaña policial para expulsar a las bandas de narcotraficantes fuertemente armados de los barrios marginales de la ciudad, donde han gobernado durante décadas.

Las autoridades prometen continuar la campaña y estabilizar la seguridad de Río de Janeiro antes de que albergue la Copa Mundial de fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016. Los funcionarios esperan que esos eventos resalten el ascenso de Brasil como potencia económica, política y cultural en el mundo.

Horas después de iniciado el operativo, no se había realizado un solo disparo en Rocinha. Las unidades de elite de la policía se abrieron paso entre los caminos sinuosos y empinados mientras los helicópteros Huey negros vigilaban la zona, recorriendo la ladera y volando a baja altura. Los habitantes se asomaban por las ventanas de sus casas observando a los agentes de seguridad y a los periodistas.

"Digan al mundo que no todos somos narcotraficantes. Somos gente trabajadora y ahora vienen a liberarnos", gritó un hombre mientras la policía y los reporteros avanzaban.

Marisa Costa da Silva, de 54 años, propietaria de una pequeña dulcería en la favela, tenía dudas. "Dios sabe si habrá guerra o paz, o incluso si las cosas van a mejorar si la policía se apodera de este barrio", dijo. "Hemos escuchado que han cometido abusos contra habitantes en otros lugares que han tomado. No sé qué esperar".

La policía también acudió al barrio cercano de Vidigal, pero los vehículos blindados de los oficiales tuvieron problemas para subir los caminos empinados porque las bandas de las drogas aparentemente cubrieron las calles con aceite.

"Rocinha es uno de los puntos de mayor importancia estratégica para que controle la policía en Río de Janeiro", dijo Paulo Storani, consultor de seguridad y ex capitán de la unidad policial de elite BOPE que encabeza el operativo. "La pacificación de Rocinha significa que las autoridades han cerrado un circuito de seguridad alrededor de las áreas que serán sede de la mayor parte de las actividades de los Juegos Olímpicos y la Copa del Mundo".

En Rocinha viven unas 100.000 personas en casuchas endebles que se esparcen sobre una ladera que separa algunos de los barrios más ricos de Río de Janeiro. La ubicación ha hecho que sea uno de los puntos de distribución de drogas más rentables y grandes en la ciudad.

Según cálculos, la pandilla Amigos de los Amigos, que ha controlado Rocinha y la vecina barriada de Vidigal, gana más de 50 millones de dólares en venta de drogas al año. Gran parte de las ventas son a turistas que se hospedan en los barrios elegantes de las playas de Leblon, Ipanema y Copacabana, así como brasileños de clase media y alta que viven en ellos.

"Esta acción es un gran golpe a la estructura del tráfico de drogas en Río de Janeiro y contra la segunda facción más grande" en este delito, dijo Storani. "Más allá de eso, es esencial tener seguridad en esta área simplemente por el gran número de gente que circula por ahí".

La invasión de Rocinha sucede casi al final del año que fue parteaguas en la lucha contra las bandas de las drogas que controlan más de la mitad de las 1.000 favelas de Río, donde vive una tercera parte de los seis millones de habitantes de la ciudad.

El programa de Río para instalar "unidades de policía de pacificación" en estos barrios comenzó en 2008.

Las favelas que fueron el objetivo inicial no estaban entre las más violentas. Pero en noviembre pasado las bandas respondieron con una semana de ataques que incluyeron el incendio de autobuses y robos armados contra conductores en autopistas, extendiendo el temor y el caos. Al menos 36 personas murieron por la violencia, la mayoría presuntos narcotraficantes durante enfrentamientos con la policía.