El 12 de noviembre de 2001, Nueva York y el resto de Estados Unidos habían vuelto a vivir horas de angustia.

Persistía la conmoción por los ataques del 11 de septiembre y la gente se preguntaba si se habían repetido ante las imágenes televisivas de los restos en llamas de un avión de pasajeros que se acababa de estrellar en un sector de Queens.

No fue el caso. Antes de la noche, las autoridades informaron que la caída del vuelo 587 de American Airlines se había tratado de un accidente, no de un acto de terrorismo.

El país respiró de nuevo con alivio, pero el horror y el dolor han perdurado entre las familias de las 265 personas que murieron en aquel desastre aéreo.

Incluso una década después, la tristeza subsiste en personas como William Valentine, quien perdió en aquel vuelo a su pareja de 20 años, Joe Lopes.

"No creo que pase una hora sin que piense en Joe de alguna manera", dijo Valentine mientras hacía un esfuerzo por contener su sollozo.

Cientos de personas se congregaron en una ceremonia junto al mar en la península Rockaway, de Nueva York, para conmemorar el décimo aniversario del desastre aéreo en el que murieron todos los ocupantes de la nave y cinco personas en tierra.

El accidente continúa como la segunda tragedia aeronáutica con el número más alto de muertos en Estados Unidos.

La ceremonia, en un día fresco y bello, evocó las que se efectúan cada año en el lugar donde fueron destruidas las torres gemelas.

A las 9.15 sonó una campana y se observó un minuto de silencio para conmemorar el momento en el que el avión se fue a tierra. Parientes emocionados y con lágrimas leyeron uno por uno los nombres de las víctimas.

Algunas personas perdieron a varios miembros de su familia en ese vuelo, desde recién nacidos hasta personas adultas.

Parte de la ceremonia se realizó en español e incluyó la lectura de un poema del autor dominicano Pedro Mir.

Una línea de un poema de Mir está inscrita en el monumento a las víctimas del Vuelo 587: "Después no quiero más que paz".

"Han pasado 10 años, pero como todos ustedes lo saben perfectamente, cada día que pasa después de una tragedia es un día del recuerdo", dijo el alcalde Michael Bloomberg.

Este desastre aéreo quedará enlazado para siempre con los ataques del 11 de septiembre al Centro de Comercio Mundial debido a la proximidad geográfica y temporal de ambos acontecimientos.

El golpe más severo de esta tragedia lo recibió la numerosa comunidad de inmigrantes dominicanos en Nueva York.

El vuelo 587 se dirigía a Santo Domingo y la mayoría de los pasajeros eran dominicanos. En algunos vecindarios de la ciudad, como Washington Heights, de Manhattan, parecía como si todos conocieran a algunas de las víctimas.

En tanto, en República Dominicana varias decenas de dominicanos recordaron a sus parientes que perecieron en el vuelo 587 con una misa en la catedral de Santo Domingo.

El cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, quien ofició el servicio religioso, llamó a los deudos de quienes perecieron en el vuelo a mantenerse unidos.

"Año tras año mi familia ha estado presente" en los oficios religiosos en memoria de las víctimas, dijo a la AP Ana Isa Saviñón, cuya madre Mercedes de León, de 77 años, murió en el accidente cuando regresaba a la isla a pasar sus vacaciones luego de vivir en Nueva York 23 años.

Saviñón aún recuerda con lágrimas que tras al accidente su familia esperó 21 días hasta que el 3 de diciembre llegó a Santo Domingo una parte del cuerpo de su madre en una caja de 36 pulgadas (91,44 cm) de largo. Otra parte llegó nueve meses después.

"Ahí descansa una parte de ese ser que cogió el avión", dice Saviñón, cuya madre había sido un pilar de su familia a través del envío de remesas.