El emperador de Japón, Akihito, que fue hospitalizado el domingo pasado con síntomas de bronquitis, continuará ingresado al menos hasta mañana, a causa de su persistente fiebre, informó hoy la Agencia de la Casa Imperial nipona.

Estaba previsto que Akihito, de 77 años, fuera dado de alta hoy del Hospital Universitario de Tokio, pero los médicos decidieron mantenerlo en el centro hospitalario hasta "el sábado o más tarde" para vigilar su evolución.

El emperador japonés fue ingresado en la noche del pasado domingo como medida de "precaución" después de que empeorara un resfriado que se le había diagnosticado unos días antes y aparecieran síntomas de bronquitis.

Esta semana, la Casa Imperial indicó que a la bronquitis se añadían los efectos del cansancio acumulado del emperador, que tras el devastador terremoto que asoló el noreste de Japón en marzo se volcó en viajar a las zonas afectadas para reconfortar a las víctimas.

A esas visitas se sumaron sus otras labores oficiales, que incluyeron el nombramiento de un nuevo Gobierno a principios de septiembre tras la dimisión del Gabinete que lideraba Naoto Kan.

Akihito es desde hace 22 años cabeza del Trono del Crisantemo, la dinastía reinante más antigua del mundo, tras el fallecimiento en 1989 de su padre, Hirohito, a los 87 años.

Su papel se limita al de un monarca constitucional que sanciona los nombramientos oficiales y tiene funciones diplomáticas, sin ningún poder ejecutivo.

Durante su hospitalización, su hijo y heredero al Trono, Naruhito, ha asumido la agenda del emperador.

Akihito lleva tiempo delicado de salud: en 2003 fue operado de cáncer de próstata y en diciembre de 2008 sufrió una hemorragia estomacal que le obligó a aligerar su agenda oficial.

En febrero de este año se le diagnosticó una arteriosclerosis coronaria, aunque los médicos indicaron que, sometido a medicación, podía continuar normalmente con sus actividades.