El era el jefe sombrío y en ocasiones emotivo que se volvió el rostro de una mina de carbón en Nueva Zelanda para la prensa mundial y las familias de los mineros en las semanas que siguieron a la explosión de 2010 que mató a 29 trabajadores.

Ahora, Peter Whittall, ex ejecutivo de Pike River, enfrenta 12 cargos criminales por conocer o participar en las fallas de la empresa que dirigió y por no asegurarse de que sus acciones — o falta de ellas — resultaron en el daño a empleados, anunció el viernes el Departamento del Trabajo neozelandés.

Las acusaciones llegan en medio de alegatos durante la investigación del gobierno en torno al desastre de que la mina no contaba con las rutas de escape adecuadas o ventilación que permitiera la salida de gases explosivos, y que la empresa estaba haciendo recortes debido a sus ajustadas finanzas.

Los abogados de Whittall dijeron el viernes que su cliente niega todas las acusaciones e intenta enfrentarlas.

La mina Pike River en la escarpada costa oeste de Nueva Zelanda se volvió una tumba tras ser destruida por una explosión provocada por gas metano el 19 de noviembre de 2010.

Cinco días después, una segunda explosión acabó con las esperanzas de que algún trabajador hubiera sobrevivido. Los cadáveres de los mineros permanecen en la mina ante el temor de que todavía sea demasiado peligroso entrar.

Whittall tenía sólo siete semanas como director general de la empresa cuando ocurrió la tragedia, pero había administrado la mina los cinco años anteriores.