Un toque de queda que rigió casi tres meses bajó los índices de delincuencia, pero los trinitarios respiraron aliviados cuando la medida fue levantada esta semana: a esta población parrandera, habituada a la vida nocturna, le costaba aceptar la idea de que tenía que regresar a casa antes de las once de la noche.

Trinidad impuso un toque de queda en agosto en un esfuerzo por contener los homicidios que conmueven esta isla desde hace años y la medida funcionó, de acuerdo con el gobierno.

La primera ministra Kamla Persad-Bissessar dijo que la levantaba porque había disminuido significativamente el índice de delitos, incluida una reducción del 60% en la cantidad de asesinatos durante ese período. Pero indicó que seguiría vigente el estado de emergencia, que permite a la policía inspeccionar propiedades sin órdenes judiciales y señaló que podrían imponerse toques de queda en algunos barrios, según las necesidades.

"Hicimos lo que había que hacer", expresó al anunciar el levantamiento de la medida el lunes. "No decimos que nos apuntamos una victoria total. Ha habido algunos desafíos, pero, indudablemente, se ganó la batalla en buena medida".

El toque de queda regía de las once de la noche a las cuatro de la mañana y fue impuesto en agosto por dos semanas, pero fue extendido a hasta tres meses a la luz de los buenos resultados. Las personas que lo violasen podían ser multadas o incluso encarceladas.

La iniciativa, no obstante, no le cayó bien a mucha gente en un país habituado a trasnochar, cuyo carnaval es probablemente el más vibrante del mundo después del de Brasil.

En los 19 distritos de Trinidad donde imperó el toque de queda, los más afectados fueron los propietarios de bares y nightclubs, al menos a aquellos que no cierran sus puertas y siguen la parranda toda la noche.

"El toque de queda está acabando con mi negocio", se lamentó McDonald Ward, propietario de Mas Camp, popular restaurante y nightclub de Puerto Príncipe, la capital. Dijo que sus ingresos se redujeron en un 80% por la medida.

Khadajal Alphonse, una veinteañera que trabajaba en un casino, responsabiliza a la primera ministra por haber perdido el trabajo.

"Sacaba buenas propinas", afirmó. "Todo eso se acabó".

Trinidad y Tobago, una nación de 1,3 millones de habitantes, es uno de los países caribeños más prósperos por sus reservas de petróleo y de gas natural, que vende a Estados Unidos y otros países. Tiene una de las poblaciones más diversas de la región, que combina las culturas africana, india, china y del medio oriente. Pero, al igual que tantos otros sitios, ha desarrollado una cultura de pandilleros alimentada por el tráfico de drogas, que ha hecho subir las tasas delictivas.

El país ha experimentado agitación política en el pasado, como la de 1990, en que extremistas islámicos intentaron un golpe de estado y se terminó imponiendo el toque de queda más reciente hasta el actual.

La primera ministra Persad-Bissessar, cuyo partido llegó al poder el año pasado en parte por la incapacidad del gobierno previo para controlar la delincuencia, dispuso un toque de queda el 21 de agosto, a sabiendas de que causaría trastornos a la gente.

"Estamos conscientes de que esta decisión afectará la vida diaria de gente inocente, respetuosa de la ley, pero confío en que admitirán la necesidad de protegerlos y de controlar la actual ola delictiva que los afecta", manifestó la gobernante en ese momento.

El toque de queda aparentemente rindió dividendos: en octubre se reportaron 11 homicidios, la cifra mensual más baja en 20 años, según la portavoz policial Sharon Lee Assang.

La medida regía al principio de las nueve de la noche a las cinco de la mañana, pero luego se acortó de once a cuatro. Las multas por violar la norma oscilaban entre los 150 y los casi 800 dólares y los jueces podían incluso disponer penas de cárcel en lugar de multas.

Desde que entró en vigor el toque de queda se han confiscado cientos de armas y miles de proyectiles. La policía dice asimismo que detuvo a miles de personas, incluidos unos 450 sospechosos de pertenecer a bandas delictivas.

El país parecía dividido en torno a los resultados. Mucha gente, especialmente los ancianos, recalcan que disminuyeron las matanzas y había más seguridad.

En el caso de Judy Bhola, desde que se impuso el toque de queda no se ven los delincuentes que frecuentaban el cementerio detrás de su casa en la ciudad sureña de San Fernando, la capital industrial de la isla.

"Ahora me puedo sentar en el porche por la noche", manifestó. "Estoy muy contenta y me siento a salvo cuando lo único que veo en la calle de noche es autos de la policía".

Algunos residentes de Puerto España dicen que el toque de queda ha acercado a las familias.

"Cocino para toda la familia ahora", expresó Anthony Pagwandass. "Mi esposa y mi hija de cinco años están contentas de tenerme con ellas".

Una creciente cantidad de personas, no obstante, se queja de las restricciones a las libertades civiles y se preguntan si vale la pena sacrificar la cultura parrandera del país a cambio de mayor seguridad.

"Se están vulnerando los derechos fundamentales de la gente común", sostuvo Louis Lee Sing, alcalde de Puerto España.

Mucha gente se quejó de que se inoportunaba a personas inocentes y cuestionó el arresto de Stern John, ex capitán de la selección de fútbol de Trinidad que fue acusado junto con otras personas de violar el toque de queda por estar con amigos en un parque pasada la hora límite.

Otros dijeron que la policía arrestaba gente por estar sentada en su porche o en su jardín, como denunció Rachel Price, conocida comediante que ahora incluye en sus presentaciones muchos cuentos sobre el toque de queda.

"He pagado mi hipoteca y creo que eso incluye mi porche, ¿o no?", preguntó. "Le dije (a la policía) que me iba a sentar desnuda en mi porche y a fumar un cigarrillo. Si me quieren arrestar, todo el mundo verá mi cuerpo lleno de grasas".

A los isleños también les preocupaba el impacto de la medida en la economía.

Un informe del First Citizens Bank de Trinidad dice que declarar un estado de emergencia por más de tres meses puede ahuyentar a los inversionistas. Al mismo tiempo, el informe señaló que, a largo plazo, la actividad económica mejorará como consecuencia de un descenso en la delincuencia.

"La comunidad internacional automáticamente piensa en la posibilidad de inestabilidad", dice el informe. "Puede afectar negativamente el turismo y las inversiones".

En octubre se suspendieron los fuegos artificiales y la principal celebración de Diwali, uno de los festivales más importantes de los hindúes. Los organizadores dijeron que la asistencia fue apenas un 10% o 15% de lo normal.

Anand Ramnarine, que ha vendido comida en un puesto en el festival desde hace 15 años, dijo que tuvo que tirar alimentos todas las noches.

"La verdad, no lo lamento", acotó. "Hay que hacer algo sobre la delincuencia".

Ivelaw Griffith, experto en cuestiones de seguridad en el Caribe de la City University de Nueva York, cree que un toque de queda prolongado no hará mucho por frenar la delincuencia.

"Los delincuentes se adaptarán. Van a encontrar la forma de burlar las limitaciones de un toque de queda", sostuvo.

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El reportero de AP Tony Fraser informó desde Puerto Príncipe y Dánica Coto desde San Juan.