A ocho semanas del comienzo de las votaciones republicanas para designar su candidato presidencial, todo va viento en popa para Mitt Romney.

El ex gobernador de Massachusetts empezó noviembre con dos rivales que trataban de quitarle el protagonismo. Después de 11 días de acusaciones sobre hostigamiento sexual contra uno de ellos y un traspié desastroso del otro en un debate, ambos desafiantes parecen sufrir dificultades.

Es cierto que Romney no está exento de peligros y todavía debe demostrar que puede atraer a más de una cuarta parte de los votantes republicanos. Pero su camino a la postulación partidaria, que lo enfrentaría al presidente Barack Obama el mes próximo, nunca pareció más despejado.

Herman Cain, el empresario que llamó la atención del público con su plan de reforma impositiva, sorprendió a los observadores políticos al encabezar varias encuestas republicanas en octubre. Pero cuatro mujeres lo han acusado de hostigamiento sexual en los años 90, cargos que aunque niega enérgicamente, han empañado su imagen.

Por su parte el sistema republicano suponía que el gobernador de Texas, Rick Perry, era el desafiante lógico de Romney gracias a su dinero, experiencia política y estatura. Pero ahora lo están pensando dos veces después del debate partidista del miércoles por la noche, donde Perry no se acordó de la tercera agencia federal que se proponía abolir en el caso de ganar la presidencia.

Dijo que iba a abolir los departamentos de comercio y educación, pero no pudo recordar el tercero, que a la postre era el de energía.

Su vacilación provocó un torrente de comentarios adversos. "Perry podría poner fin a su candidatura ahora mismo", comentó en Twitter Tony Fratto, que fue un vocero en la Casa Blanca durante la presidencia de George W. Bush.

Esos hechos le han caído a Romney como anillo al dedo sin necesidad de comerciales de televisión, riesgos políticos ni esfuerzos extraordinarios.