A mediados de 1992, cuando millones de italiano pasaban sus vacaciones estivales, los mercados se lanzaron a un ataque despiadado contra la lira.

Por temor al colapso de la divisa italiana, el primer ministro Giuliano Amato reunió un fondo de solidaridad aportado por los bancos para apuntalar las finanzas nacionales.

La política de "sangre y lágrimas" de Amato le permitió adoptar amplias reformas en el plan de pensiones y cuidados médicos, como piden hoy los mercados.

Con frecuencia tarde, y a último momento, Italia se enorgullece de salir victoriosa cuando se acerca al abismo. ¿Podría volver a ocurrir? ¿O — tras interminables retrasos del gobierno de Silvio Berlusconi — es demasiado tarde?

Al día siguiente de inclinarse Berlusconi ante los mercados con la promesa de dimitir, los inversionistas atacaron el miércoles los bonos soberanos italianos con renovada virulencia, situando el interés de las obligaciones a 10 años por encima del 7%, nivel que los economistas consideran insostenible.

Existe poca confianza en que Italia pueda salvarse esta vez del colapso económico, arrastrando posiblemente a Europa y al resto del mundo a una nueva recesión.

Empero, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Italia ha encarado antes durísimas situaciones para salir airosa con su democracia intacta y su economía maltrecha pero no arruinada.

Además, el país puede confiar en el progreso de sectores como el automovilístico, moda y maquinaria industrial. Junto con marcas señeras como Fiat y Gucci, Italia tiene multitud de firmas de pequeña y mediana empresa, con frecuencia de propiedad familiar, admiradas por la gran calidad de sus productos y exportaciones a todo el mundo.

Italia ha logrado salvar una situación difícil tras otra gracias a la gerencia de sus crisis y en ocasiones la colaboración de sus ciudadanos.

En 1992, Amato se apoderó de 6 liras por cada 1.000 liras depositadas en las cuentas bancarias italianas. La ciudadanía quedó anonadada e indignada, pero aguantó la maniobra casi sin protestar, reconociendo que estaba en juego el futuro del país.

Ante otra crisis económica en 1995, el primer ministro Lamberto Dini reformó las pensiones al frente de un gobierno de tecnócratas. Nuevamente, la medida fue impopular pero la población se amoldó, logró estabilizar el presupuesto y mantuvo a Italia dentro de las normas europeas.

Esos rescates de emergencia han demostrado que la unidad no está limitada a la economía.

En la década de 1970 y 1980, los extremistas tanto de la derecha como la izquierda protagonizaron los "años de plomo" debido al terrorismo, el secuestro y asesinato del ex primer ministro Aldo Moro.

Empero, Italia salió de la crisis con un alarde de cohesión política, y un partido católico que aceptó en aquel entonces el apoyo del mayor partido comunista de occidente.

Ya fueran los retoques de última hora en el estadio de fútbol que escenificó la Copa Mundial de 1990 o los electricistas que terminaron la instalación en la sede de la reunión cimera del G8 en L'Aquila en el 2009 junto cuando aterrizaban los aviones de los mandatarios, Italia ha demostrado que puede cumplir la tarea necesaria, aunque justo en el momento necesario.

Empero, esta crisis es diferente por su magnitud, posiblemente la mayor de la posguerra.

Con una deuda de 1,9 billones de euros (2,6 billones de dólares), Italia es demasiado grande para ser rescatada por sus socios de la eurozona. El aumento de los intereses de sus bonos soberanos encarecerá i dificultará la renegociación de su deuda. Y solamente en el 201 deberá recaudar en los mercados crediticios 300.000 millones de euros (412.000 millones de dólares).

"Italia cuenta con muchos recursos que podemos utilizar. Solamente tenemos que ponernos de acuerdo", dijo el analista político Roberto D'Alimonte, profesor de la Universidad LUISS de Roma.

"Solamente el pueblo puede salvar a Italia de la crisis", dijo el industrial toscano Giuliano Melani, que pidió a sus paisanos que compren bonos del tesoro para ayudar a Italia a pagar sus obligaciones.

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El jefe de la oficina de AP en Roma, Víctor Simpson, ha cubierto la actualidad italiana desde 1972.