El devastador uppercut derecho de George Foreman le alcanzó por primera vez en el primer asalto. De repente, el campeón peso pesado del mundo estaba en la lona. En el ringside, Howard Cosell gritaba eufórico.

"¡Cayó Frazier! ¡Cayó Frazier! ¡Cayó Frazier!", vociferaba Cosell, una frase inolvidable.

En el otro extremo del ring, Foreman sólo pensaba en una cosa: Que Joe Frazier no se levante.

"Lo vi levantarse y me dije: 'Ahora viene por mí''', recordó Foreman en una entrevista telefónica concedida el martes a The Associated Press. "Lo menos que querías era que se levantara, no quería que se enfureciera".

Y Frazier se levantó, pero siguió cayendo. Lo hizo seis veces antes que sonara la campana para terminar el segundo asalto.

Pero seguía levantándose y estaba listo para pelear más. Frazier no perdió su título de los pesados sino hasta que el réferi tuvo misericordia y puso fin a la carnicería en Jamaica.

"Joe Frazier no hubiera rehuido una pelea contra King Kong", dijo Foreman. "Era un hombre vAlíente".

Tan temerario como para enfrentar al peligroso Foreman, mucho más alto que él, en un combate que Frazier pareció predestinado a perder. Tan vAlíente como para endilgarle a Muhamad Alí su primera derrota y para pelear casi a muerte con el legendario púgil en Filipinas.

Así era Frazier, un guerrero sin mucha estatura, pero que no sabía rendirse. Un peleador hasta la médula.

Cuando se entiende eso se comprende a Joe Frazier.

Siguió levantándose de las caídas que le provocaba Foreman. Continuó tratando de pelear contra Alí pese a que tenía un ojo cerrado y no podía ver con el otro.

Y siguió peleando por ganarse un merecido lugar en la historia hasta el lunes por la noche, cuando falleció en Filadelfia a los 67 años.

"Su orgullo y dignidad lo hicieron pelear hasta el final", dijo el promotor Don King. "Joe nunca perdonó a Alí por lo que le hizo, pero Joe Frazier demostró que no sólo era un gran peleador sino un gran hombre".

Pasé algún tiempo hablando con Frazier a comienzos de este año, y escuché sus reminiscencias sobre su carrera y su vida. El 40mo aniversario de la llamada Pelea del Siglo estaba por cumplirse y Frazier estuvo feliz de hablar de aquella noche memorable, vivida tanto tiempo atrás.

En aquella noche, nadie en el Madison Square Garden parecía desear que Frazier venciera a Muhamad Alí. Ni siquiera los espectadores que reunieron suficiente dinero para obtener una butaca barata; tampoco las celebridades y noctámbulos que lucieron sus mejores galas para desfilar junto al cuadrilátero antes de la pelea.

Frank Sinatra tomó fotos desde ahí, para la revista Life. Barbra Streisand y Bill Cosby observaron desde sus asientos, a unos cuantos metros del ring.

Y todos vieron a Frazier hacer lo que nadie había logrado, vencer al gran Alí. Por si eso fuera poco, lo derribó en el 15to asalto con uno de sus clásicos ganchos de zurda, para resolver la pelea.

"No puedo ir a ninguna parte sin que me la mencionen", dijo Frazier. "Fue lo más grande que me pasó en mi vida".

Enfrentó a Alí igual que a todos los demás, con el mentón apoyado en el hombro de su contrincante. Frazier medía apenas 1,77 metros (cinco pies, 10 pulgadas), nunca pesó más de 93 kilos (205 libras).

No iba a vencer a la gente con sus atributos físicos, de modo que ideó una forma de presionar incansablemente hasta que pudiera encontrar una oportunidad de conectar un gancho de izquierda que seguramente ha sido uno de los más espectaculares en la historia del boxeo.

La estrategia no funcionó contra Foreman, quien era simplemente demasiado alto y poderoso.

Alí encontró una manera de superar a Frazier en las últimas dos peleas entre ambos, incluida una tan épica que la gente del boxeo simplemente menea la cabeza cuando se le pregunta qué ocurrió en Manila.

Después, Alí dijo que aquel combate fue lo más cercano que estuvo de la muerte. Aunque cegado por la inflamación en los ojos, Frazier trató de seguir peleando hasta el 15to episodio contra uno de los mejores púgiles de la historia.

El encono hacia Alí que manifestó Frazier durante el resto de su vida se originó en buena medida en aquella pelea. Alí le llamó gorila. Cuando Frazier regresó a casa, sus hijos le preguntaron por qué otros niños en la escuela decían lo mismo que el astro.

"Joe nunca pudo perdonarlo por eso", dijo King por teléfono. "Pero hay que conocer cómo era aquella época, la lucha racial en Estados Unidos. Joe no podía entender por qué algunos negros lo miraban con desdén y luego prodigaban elogios para Muhamad Alí. Pero Smokin' Joe fue una parte integral de la historia. Esa pelea cambió las cosas para mucha gente. Cambió el respeto que muchos sienten cuando miran a la gente de color".

Ni Frazier ni Alí volvieron a ser los mismos tras esa pelea brutal. Frazier sólo tuvo un combate significativa después, perdiendo por nocaut ante Foreman.

Se gastó en los tinglados la fortuna que se ganó y acabó viviendo en un apartamento en el piso de arriba de su gimnasio en Filadelfia. Pero le gustaba hacer apariciones en público, verse rodeado por sus fanáticos, como en septiembre, para firmar autografos en Las Vegas.

Alí divulgó un comunicado expresando que siempre a recordará a Frazier con respeto y admiración, algo de lo que Frazier seguramente se hubiese burlado.

Se va como uno de los mejores pesos completos de la historia, alguien que peleó como nadie a la sombra de Alí e incluso más para escapar de ella.

"Todo lo que quería era darle otra golpiza a Muhamad Alí", dijo Foreman. "Tal vez algún día en el cielo".

____

Tim Dahlberg es columnista de AP. Está en Twitter: http://twitter.com/timdahlberg