El ítalo-colombiano Diego Urbina y los otros cinco voluntarios que se encerraron durante 520 días en el mayor simulacro de odisea interplanetaria creen que la conquista de Marte es vital para el futuro de la humanidad.

"Viajar a Marte es un paso necesario que tenemos que hacer para convertirnos en una especie interplanetaria. Tenemos que expandirnos", aseguró a Efe Urbina, colombiano de nacimiento e italiano de adopción.

Urbina, quien sueña con convertirse en uno de los primeros martenautas de la historia, cree que "si ponemos todos los huevos en un canasto, en este caso la Tierra, las probabilidades de que la civilización humana se acabe son reales".

Para llegar a esa conclusión, Urbina tuvo que aislarse del mundo durante casi un año y medio en una estación sin ventanas, que Urbina calificó de "tubo", situada en la sede el Instituto de Problemas Biomédicos de Moscú, una dura prueba de resistencia física y psicológica que superó con nota.

"Tienes muchos altibajos. Cuando, por ejemplo, tus amigos y tu familia te dejan de escribir al mismo tiempo. Piensas: 'Será que se han olvidado de mí'. Es aburrido y echas de menos la relación con otras personas", dijo.

Aunque el proyecto "Marte 500" era un simulacro, los seis voluntarios realizaron numerosos experimentos científicos y se comportaron como si se tratara de un auténtico viaje interplanetario, lo que convirtió el experimento en un "éxito", según los organizadores.

Urbina y dos de sus compañeros, quienes vivieron en minúsculas habitaciones forradas de madera de tres por dos metros cuadrados, incluso realizaron un simulacro de caminata espacial sobre la superficie marciana tras poco menos de un año de travesía.

"Cuando llegamos a Marte, nos pusimos los trajes espaciales y salimos a la superficie, estábamos muy emocionados. No digo que sintiéramos lo mismo que un astronauta que vuela a Marte, pero será muy parecido. De verdad que nos palpitaba el corazón", confesó.

Urbina, que emigró a Italia en 2002 para estudiar Ingeniería en Turín, tras lo que adquirió la ciudadanía de ese país europeo, reconoce que el encierro fue duro: "Echábamos de menos el contacto con las mujeres".

"Me gustó mucho leer a Gabriel García Márquez. No leía todas las novelas que me propuse, pero sí siete u ocho. La que más me gustó fue 'El amor en tiempos de cólera'", dijo.

Urbina, que estuvo tres días en cuarentena tras regresar a la Tierra el pasado viernes, está convencido de que el hombre llegará a Marte "en dos décadas o incluso antes".

Lo mismo piensa el francés Romain Charles, que decidió embarcarse en la misión tras trabajar varios años en la industria de la automoción: "Hemos demostrado que el hombre puede volar a Marte".

Charles intentó superar la ansiedad del encierro con su guitarra eléctrica, las cartas y el estudio del ruso; mientras, el chino Wang Yue optó por la caligrafía, los libros de historia y las clases de mandarín a sus compañeros de viaje.

"Soy feliz, ya que he enseñado a cada uno de los cinco al menos un proverbio chino", dijo Wang ante las risas de los presentes en una multitudinaria rueda de prensa.

El comandante de la misión, Alexéi Sitev, ha comparado su odisea con "un retorno al pasado": "Para nosotros el tiempo se paró, no biológicamente, sino socialmente".

A Alexandr Smoleevski le ayudó su pasado militar, mientras el médico de la tripulación, Sujrob Kamolov, destacó la convivencia entre personas de diferentes culturas, que se comunicaron en una mezcla de ruso e inglés que han dado en llamar "rusglés".

Con unas reservas de varias toneladas de agua y comida, los seis neófitos astronautas vivieron en condiciones similares a las de una expedición real en el interior de cinco módulos espaciales de 180 metros cuadrados y con la misma composición del aire, presión y nivel de ruido que en una nave interplanetaria.

Los seis héroes, como les calificaron tanto la Agencia Espacial Rusa (Roscosmos), como la Agencia Espacial Europea (ESA), que lanzaron este proyecto en 2004 en colaboración con EEUU y España, fueron galardonados con medallas y agasajados con regalos por su proeza.

"Estamos un paso más cerca de Marte", dijo un portavoz de la ESA, en referencia a que la simulada odisea marciana ha recreado las futuras expediciones interplanetarias al estudiar la resistencia del ser humano en condiciones de aislamiento prolongado.

Además, su experiencia servirá para comprobar la compatibilidad psicológica entre los integrantes de una tripulación y permitirá perfeccionar la construcción de las naves espaciales que viajarán a Marte, la prioridad de las agencias espaciales de Rusia y EEUU.

Ignacio Ortega