Casi el 40 por ciento de las 113 ciudades más grandes de China sufre niveles de contaminación superiores incluso a los laxos límites oficiales que marcan las leyes medioambientales del gigante asiático, según un estudio que recoge hoy el propio diario oficial "Shanghai Daily".

El informe, elaborado por el Ministerio de Protección Mediambiental, resalta la preocupante situación del aire que se respira en las grandes ciudades chinas como Shanghái, Pekín, Cantón y todas sus capitales de provincia y grandes urbes secundarias, que cuentan cada una con millones de habitantes.

En Shanghái, pese a estar fuera de ese 40 por ciento, la situación es alarmante ya que dentro de la escala de mediciones china su aire fue clasificado en el estudio como de "calidad limpia", lo que contrasta violentamente con lo que respiran a diario sus habitantes.

Como en todas las grandes urbes de China, muy a menudo una espesa neblina envuelve los más de 15.000 rascacielos de Shanghái, cuyos habitantes sufren con frecuencia tos seca, irritación de ojos, dificultades para respirar y fatiga, aunque están habituados a pasar períodos de fuerte contaminación.

En la actualidad China sólo contempla en sus lecturas de polución las partículas de tipo PM10 (de entre 10 y 2,5 micras de diámetro) y deja fuera de sus mediciones a elementos más pequeños que pueden ser muy peligrosos para la salud, de tamaño PM2,5 (con un diámetro menor a 2,5 micras).

Con ese tamaño, unas 30 veces menor que el diámetro de un cabello humano, las partículas puede alojarse en las profundidades de los pulmones e incluso entrar en el flujo sanguíneo, lo que a largo plazo puede causar graves deterioros de la salud e incluso la muerte de los afectados.

Shanghái es una de las 68 ciudades estudiadas con niveles de contaminación por debajo de los límites que marca la ley china.

No es el caso de la capital, Pekín, que junto a otras 44 grandes urbes tiene una contaminación "alarmante" según los cómputos del país oriental, que fija en Urumqi, la capital de su región autónoma uigur de Xingjian (noroeste), la ciudad donde la situación es más grave.

Con todo, ninguna de las 113 ciudades estudiadas fue clasificada con la mayor calidad del aire posible, señala la prensa oficial.

En conclusión, la media de las partículas contaminantes en el aire de las urbes consideradas en el estudio es similar a la de 2010, mientras la media de las emisiones de dióxido de sulfuro ha descendido un 2,2 por ciento interanual, y la de dióxido de nitrógeno también se ha reducido un 5,7 por ciento interanual.

A eso se suma que el 10 por ciento de la tierra cultivable de China y el 20 por ciento de sus aguas sufren también contaminación por encima de los límites tolerables para los ya de por sí relajados estándares chinos.

El frecuente contraste entre las cifras oficiales chinas y lo que se respira en sus grandes ciudades suele provocar que sus mediciones sean vistas con escepticismo.

En Pekín este contraste es patente cuando se lee el parte diario que publica la embajada de EEUU, utilizando equipos más precisos de medición.

Aun usando sistemas anticuados, en mayo Shanghái registró sus índices de contaminación más altos de toda su historia, con varios días por encima del máximo de 500 puntos en la imperfecta escala china, según la cual, por ejemplo, la ciudad tuvo sólo 29 días de contaminación en 2010.